Sesión 22: Moneda corriente


· ¿QUE SIGNIFICARIA LLAMAR?
· EL CUMPLE
· MONEDA CORRIENTE
· COMO UNA ESPECIE DE PSICOLOGA
· LO QUE ME GUSTA
(· DESDE ARRIBA)
(· "ARACA, VICTORIA, ME PIANTE DE LA NORIA")

Afuera del consultorio hay mucha gente, están inquietos y hablan fuerte. G. da algunas indicaciones desde la puerta y me ve llegar. Me sonríe y me hace un gesto con la mano para que me acerque mientras saluda con un beso a un hombre que sale del consultorio.
–Hola –digo mientras camino mirando de reojo a las otras personas–. ¿Qué tal?
Nos damos un beso y ella cierra la puerta con un gesto de cansancio un poco exagerado.
–¿Llegué temprano?
–Justo es la hora –me dice suspirando, desplomándose en la silla.
–Justo –la miro arreglarse un poco el pelo–. ¿Qué tal?
–Bien, ¿vos? ¿Qué tal? –su actitud cambia repentinamente, ahora parece otra persona, alegre, jovial.
–Bien. Recién… –miro hacia la puerta y hacia ella alternativamente–. Sale uno y entra otro… así, muy rápido.
–Me mira seriamente, con el mentón apoyado en una mano.
–En realidad es porque llegué un poco tarde, porque si no…
–¿No tienen cinco minutos entre uno y otro?
–Cada uno puede hacer como quiera –sigue mirándome con seriedad mientras escuchamos a la gente del pasillo que sigue hablando fuerte. Después de un rato se acomoda en la silla y habla con una expresión muy relajada–. Si te querés tomar cinco minutos, te los tomás.
Yo también me acomodo cruzándome de piernas y cuando termino suspiro en el mismo momento en que apoyo con lentitud y levedad las manos sobre una rodilla.

¿Qué SIGNIFICARIA LLAMAR?
–Me quedé pensando en qué significaría la posibilidad de llamar a… a mi familia.
–¿Con algún propósito?
–No, en realidad… esta compañera que te conté tiene una hija y me hizo un comentario que… –me suena el teléfono y hago como que no lo escucho–, la familia finalmente siempre es la familia, y que la hija cuenta con ella más allá de lo que ella sea y haga, y que ella… no sé, cuenta con la familia de ella. Yo pensaba si yo contaría con mi familia o no.
–Ajá.
–Pero más que nada era pensar en qué significaría, y… y…
–¿Y qué se te ocurrió?
–¿Cómo?
–¿Qué se te ocurrió?
–¡Un aburrimiento total! Ya… porque mi vieja, sería hablar… o sea, llamar para escucharla. Y mi hermana es… no sé, muy difícil, muy caprichosa, siempre hay que estar yendo hacia donde está ella.
–Igual está re lejos.
–Sí. No, pero digo, si yo no voy físicamente soy yo la que tiene que llamar. Digamos, siempre es por ese lado.
–Claro, pero vos siempre dijiste… desde un principio, ¿no? que con tu familia si vos no los llamas, nadie te llama.
–Uhum.
–Y si llamas vos no te devuelven el llamado.
–No, no es que después me van a llamar.
–Claro. Es como que la comunicación va siempre en el mismo sentido.
–Sí –me suena el celular, miro la cartera que tengo en la falda pero no la abro–. Sí. Bueno, parece que hay alguien que quiere comunicarse conmigo. ¡Qué bueno!, espero que no sea del trabajo –la situación me genera la necesidad de disculparme y en vez de eso me sonrío con exageración, frunciendo un poco la nariz.

EL CUMPLE
–No sé… no sé si es por la fecha de los festejos o qué pero me acuerdo de mi cumpleaños.
–¿Cumplís años ahora?
–El 19 de junio.
–¡Ah! –ella se sorprende y se le arruga la frente.
–Pero me acordé que no hice nada.
–Uhum.
–Y decía “¿y qué voy a hacer? O sea, ¿ir a la costanera… como salida? Porque en el trabajo en cierta manera se trata de “salir”. O sea, toda la noche salgo.
–Mjm.
–Que si lo pienso bien no es que salgo si no que entro, pero… se supone que es eso, que es: salir, estar con gente, divertirse… todo el tiempo.
–El trabajo.
–El trabajo.
–Pero es “este” trabajo.
–Claro, pero en la época en mi cumpleaños era como recién empezaba, y era tipo “bueno, ¿para qué otra cosa si no… ir ahí?, si es lo mismo que salir”. Y, no sé. Me acuerdo que nada más brindamos así muy por arriba, muy poco, porque a nadie le gusta cumplir años ahí.
–Ajá.
–Y yo estaba como “qué raro”, pero ahora me doy cuenta que… ¡mejor ni brindar! –termino la frace entre risas.
–Claro.
–Para que no se note –digo todavía sonriendo.
–Y sobre todo que te digan “¿cuántos cumplís?” –habla con un tono  monótono, como siguiéndome el juego pero sin ganas.
–Sí. Sí, es como que pasas los treinta y ¡ya está todo mal!
–Mh…
–Y… no sé, pensaba “¿qué salidas?” La salida para mí sería como conocer a alguien que me muestre otra manera de vivir, otra realidad. Y no me estoy conectando con otros circuitos entonces la gente que conozco ahí o es más de lo mismo, que son los que trabajan ahí.
–Mjm.
–O es la gente que va ahí que no tiene ganas de “compartir” su realidad, no va ahí para “compartir” su realidad con la gente que está ahí.
–No.
–Nada que ver, y no quieren compartir nada. Pensaba en la gente de ahí y en el vínculo que tengo con la gente y… se hacen como grupos, grupitos, y…
–¿Dentro del trabajo? –le respondo que sí con la cabeza y ella repite el gesto.
–No sé, pensando en qué… qué podría hacer, por ejemplo para las fiestas.
–Pero en las fiestas trabajas igual –me dice elevando el tono de voz justo cuando empieza a sonar una sirena.
–Claro.

MONEDA CORRIENTE
–Sí, como que pensaba en una salida alternativa y la verdad es que no hay. Con la que más me vinculo es con esta chica, la que tiene una hijita, que como tiene esta hijita nunca tiene tiempo y cuando está, está súper cansada. A lo sumo hace algún comentario, qué sé yo.
–Mjm.
–En cierta manera es la única que se acerca a mí, pero porque está en el horno, digamos –hago una mueca mientras hago que me río un poco.
–¿Por qué?
–Está en el horno, no sé cómo decirlo.
–¿Pero por qué está en el horno?
–Y… ya es grande, tiene que conseguir algo para reemplazar lo que hace porque no va a poder hacerlo mucho más tiempo. Y pensaba que… esto de esperar conocer a alguien ahí, es como esperar a alguien que te salve, y es como la moneda corriente, la fantasía de alguien que te salve.
–La cenicienta.
–Sí, y a parte… Sobre todo en las chicas que empiezan. Yo… es como que ya… pero te queda como esa… no sé.
–¿Alguien que te salve de vos?
–No, encontrar a alguien. Cada uno a su manera, ¿no?, pero yo pienso en alguien que me muestre otra realidad, otra cosa. Hay otras que esperan una cosa más material, más “económica”, más…
–Claro –de repente habla fuerte y claro, como si se hubiese despabilado–, pero me refiero a que vos me decías “alguien que te muestre otra realidad”, alguien que te salve… alguien que te salve de vos.
–De mi realidad, no sé si de “yo” –me señalo apoyándome el dedo índice en el pecho.
–Claro, pero… como que… en la realidad que… que vos armaste ahí, ¡estas estampadísima!
–No sé, yo pienso que es como un trabajo bastante desgastante, creo, que te hace envejecer.
–Pero vos decías que vos armaste ese lugar para poder llegar a eso.
–Porque mi idea era como saltar de eso a otra cosa, y…
–Claro, pero ahora necesitás a alguien que te saque.
–No, pero esa fue mi idea en un principio, cuando llegué me imaginé que iba a conocer gente.
–Claro, pero… pero eso ya no, por eso te digo ahora es alguien que te saque de ahí, porque vos misma no te podés sacar. Entonces “bueno, me las voy arreglar, voy a practicar una hora con la guitarra todos los días hasta que me despabile y se te ocurra hacer alguna cosa”, ¿no? “No, no voy a tocar la guitarra porque estoy cansada. No, tengo toda la ropa en el lavarropas. No…”, algo más.
–Lo que pasa es que… sinceramente ese trabajo es bastante, eh… es difícil. Y sobre todo mi parte. Porque, por ejemplo, las chicas se exponen ahí, bailan, qué sé yo pero... es otro tipo de exposición. Yo estoy ahí y estoy… es como si yo fuera una especie de “psicóloga” pero con medias de red, no sé. Los tipos van y…
–¿Con qué?
–Con medias de red –repito usando una voz bastante nasal– , no sé. Es como que están ahí, van y yo tengo que escucharlos, contenerlos, qué sé yo. Es como que es “ese” el lugar que se está dado para mí.
–Uhum.
–Y… sumado que descanso poco y tomo mucho, y que ahí se fuma y qué sé yo… Es como que siento que estoy envejeciendo muy rápidamente. Y que no voy a durar mucho más ahí, siento que me estoy quedando como sin… ¿ganas?
–Claro, pero “no voy a durar”, no desde “no voy a aguantar”, si no desde que “se me va a acabar”, pero desde afuera, no como una cuestión tuya.
–No, pero también como algo mío: yo ya… o sea, físicamente creo que no lo estoy pudiendo soportar mucho.
–Por ejemplo ¿lo que pienso de conseguir un trabajo de día?
–Ajá.
–Siento que es lo mismo, que me parece un embole igual, pero que la diferencia es que… no importa que cumpla años. Y por otro lado podría dormir de noche. Y tal vez podría dormir un tiempo ¿normal?
–Pero… –hace una pausa y me mira de reojo levantando las cejas, pero yo no respondo.

LO QUE ME GUSTA
–¿Pero…?
–No sé, no es tan fácil. Por ejemplo me pregunto…
–¿Qué es? ¿Qué no es “tan fácil”? –me interrumpe.
–Me pregunto “¿qué es lo que me gusta?”, o sea, “¿qué me gustaría?”.
–¡No, me parece buenísimo!
–La verdad es que ni idea –digo entre risas.
–Claro,  pero ¡que te lo puedas preguntar! Porque hasta ahora no te lo habías preguntado. Era todo lo mismo, de día o de noche, un poco mejor, un poco peor en alguna que otra cosa, pero no… nunca te habías preguntado “¿qué tengo ganas de hacer?, ¿qué “me gusta”? ¿Tengo que hacer algo para poder hacer lo que me guste?”.
–No sé. Ahí pienso en “bueno, si viene por el lado de la música… la música tiene una parte social”.
–Mjm.
–Una función social. Y yo ahí dentro tengo también una función social. Y me pregunto si… si podría como… ir corriéndome hacia ese lado.
–¿Qué lado?
–Porque por ejemplo no tiene… o sea, no puede ni competir un show de una chica en bolas, que es lo que van a ver, que una chica con una guitarra cantando. O sea, no compite. No entra. No. Entonces digo “¿por ese lado? Es imposible”. Pero tal vez por este lado, en donde yo… ya hay mucha gente como que… ¡ya te digo!, es como si fueran… como si tuvieran una sesión.
–Mh.
–O sea, hablan… están ahí…
–Claro, pero ahí se diluyó lo de “qué me gustaría hacer”, lo de “qué podría hacer acá”. “Con el pie agarrado en la trampa, ¿qué puedo hacer?”. Si no, “me saco primero la trampa del pie” o “decido pensar qué me gusta”, que es lo que dijiste hace un rato, “¿qué te gustaría hacer?”. Porque estás diciendo que es muy arduo, que te estorban, y no es así, dijiste “siento que estoy envejeciendo mucho más rápidamente”, cosa que no te planteabas cuando trabajabas en ese lugar en ese localsucho, por más que te vivieran y que eran mucho más forros y todo, pero no te sentías “envejeciendo”, te sentías… desperdiciándote, sí.
–Mh.
–Pero ahora además te sentís que… “a ver, ¿qué me puedo creer de todo esto?”, pero como… si vas tocando… “¡no puedo tocar ahí, con todas las chicas en bolas!” –dice tirándose para atrás entre risitas–, ¡qué se yo!
–Y no –me río–. Es un horror.
–No, me acordé de una película –habla entre risas– de Peter Sellers de hace muuuuchos años.
–¿De Peter Felix?
–Peter Sellers. Era un actor cómico que murió muy viejo.
–Ah.
–Eh… que dudaba de con qué ir, y cuando llega (era un campo nudista) le dicen “no, no, acá no puede entrar”. Claro, porque el tipo iba… ¿viste el inspector Clouseau? El de la… ¿la pantera rosa?
–Sí.
–Con su sombrero, sus zapatitos… todo, y cuando le dicen “usted no puede entrar”… Entonces se pone un salvavidas –dice entre risas–, ¡si vos vieras! Era como un… un… –ella mueve las manos alrededor de la cintura–, y adelante con una guitarra. Entonces, cuando le dicen “tocá la guitarra”, el tipo que está ahí con la guitarra… pero como está tan duro el tipo ahí que no puede decir “yo soy el inspector tanto, quiero entrar”, ¿no?
–Claro…
–Entonces me acordé por… –se sigue riendo–, en el momento ese en que te dije de tocar la guitarra ahí, y todo… Me acordé del tipo tapándose con la guitarrita. Porque por ahí vos, sintiéndote que no podés estar desnuda porque estás vieja, la guitarra te serviría para taparte.
–Claro.
–No para mostrar… lo que querés mostrar con la guitarra.
–No... No sé.
–Lo que querrías mostrar si te animaras a aprender a tocar la guitarra.
–Es que no sé qué querría mostrar. No sé. Me pregunto si no es una fantasía vieja, como esta de la fantasía vieja que se cayó de “ay, voy ahí y tal vez conozco a alguien…”, y no conozco a nadie
–Mh.
–Y veo de qué van las cosas… digo, ¿tocar la guitarra no es lo mismo?
–Mjm, ¿y no estás haciendo algo? Para…
–Ni idea. No sé. No sé, me encuentro en ese lugar, cuando digo “bueno, entonces, ¿qué? ¿Qué me gustaría?”. Ni idea.
–Y… mh…
–Porque lo primero que se me viene es “y, tendría que hacer algo que haga que yo pueda pagar…” Entonces es como que se me transforma en otra cosa.
–Claro, sí. No “qué necesitarías”, me refiero solo como a una “loca fantasía”.
–Pero, por ejemplo, pienso en eso y digo “ay, a ver… bueno, pensemos”, y digo “no sé, ¿estar en una playa con unas palmeras?” y digo “¡qué ridiculez, tampoco es eso!”. O sea, no… ¿ni siquiera me puedo imaginar algo totalmente inaccesible? No, tampoco.
–Mjm. Y… ¿Cuándo eras chica? ¿Qué?
–Quería ser música.
–Ajá, ¿pero chica chica o… ya más grande?
–No, más adolescente.
–¿Eh?
–Más adolescente.
–Mjm, ¿y?
–E incluso pensaba que a los 27 años, como casi todos los músicos de rock famosos, me iba a morir. Y pasaron los 27 años y no me morí. Y tampoco…
–Pero, ¿casi todos? Solo algunos pocos.
–Unos cuantos, ¡muchos!
–No me acuerdo de tantos…
–Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, eh… ésta de ahora, ¿cómo se llama? Amy…
–Winehouse.
–¡Y hay un motón más!
–¿Cómo se llama el de The Doors?
–Jim Morrison.
–Jim Morrison.
–Y…
–Pero hay músicos que están vivos también.
–Sí, pero más o menos es una edad en la que… es justo cuando… Yo creo que es justo cuando terminás… o sea, ya solo no sos adolescente, si no que ya… ya se te terminó. No podés hacerte más el boludo y tenés que pasar a una edad madura, sí o sí. O sea, pasar al mambo de los adultos y ahí es como… ¡demasiado! A no ser que trances con quedarte hecho un boludo en el mundo, ¡que hay un motón! Son los eternos adolescentes…
–¿Los…?
–Eternos adolescentes. Como estos tipos que vienen, que… que tienen su vida de “persona adulta” y vienen ahí ¡y son peores que…! No sé.

DESDE ARRIBA
–¿Y vos qué onda?
–¿Y yo? ¡Yo no tengo ni idea! A veces pienso que es como una especie de… Una vez vi en una película o un documental, no sé.
–¿Una película…?
–O un documental, no me acuerdo. La imagen era que… estaban ahí, haciendo una operación, y como en un primer piso, todo como una especie de balcón, con vidrio, y todos miraban como… algunos miraban como operaban.
–Ajá.
–Yo siento que estoy ahí arriba mirando.
–¿De qué estaban operando? Porque no hay muchos lugares en donde hay eso para que los estudiantes miren.
–Claro, bueno, pero yo siento que primero estaba toda esta circunstancia… la situación… Son como… van cambiando las situaciones pero yo siempre estoy ahí arriba y miro las distintas situaciones, pero finalmente nunca estoy ahí.
–Mjm.
–Tal vez desde acá arriba hago alguna cosa pero… no sé. Ni siquiera se puede decir que ahí maduro o no maduro, o…
–Sobre todo si te quedás. Porque hay un tiempo en donde estás mirando eso y después otro tiempo de estar abajo, operando.
–Sí, pero yo en vez de ir a operar cambio de…
–De mirador.
–Claro.
–Mirá vos.
–Y tal vez voy… voy como pasando de nivel, pero siempre…
–¿Cómo de nivel?
–Y, qué sé yo, ya no miro a una… “cómo le sacan una muela a alguien”, tal vez miro algo más complejo pero…
–Pero mirás.
–Pero miro.
–¿Y mirar no te deja hacer?
–Al menos es lo que me sale, o al menos es lo que hago para permanecer acá. Hay otros que son peores y miran tele.
–¿Otros que son peores y…?
–Miran tele. Y así quedan en la casa.
–Pero… digamos, no es que miren tele solamente, en su vida. Si no que hagan otras cosas y miren tele.
–Mi mamá por ejemplo.
–Pero tu mamá cuida los nietos, se va a ver a tu hermana…
–No, ahora. Desde que yo tengo uso de razón, hasta no hace mucho…
–¿Pero no trabajaba tu mamá?
–…vivió encerrada mirando tele y a veces… aparte de mirar tele cosía esas cositas para los muñequitos.
–Mjm.
–Los vestiditos.
–Pero esos los vendía, no los hacía para ella…
–Claro, ¡obvio!
–No tenía una colección de Barbies.
–¿No tenía qué?
–Una colección de Barbies –chasqueo la lengua y la miro de reojo–. He visto casos de mujeres grandes que tienen a los chicos… todas las Barbies que les compran supuestamente a la nena ¡pero que no las puede tocar! Están todas en un estantecito, mesita, no sé qué –mueve las manos por encima de la mesa con los dedos estirados hacia abajo–, y las puede mirar. ¡Un chico que tiene seis, siete años quiere jugar! Si no, no es de la criatura eso.
–Claro.
–En cambio tu mamá trabajaba de eso. Te parece una estupidez pero, es un trabajo, un trabajo que ella podía hacer en su casa… ¿no?
–Sí, pero el recuerdo que tengo de ella es… la tele o la radio y que esté cociendo, si no estaba prendida de alguna de esas dos, o incluso con eso prendido quejándose, haciendo como un monólogo melodramático de lo infeliz.
–Por ahí por eso de mirar la tele es que vos no mirás, ¿no?
–Y qué sé yo. Siento que ella vivió la vida mirándola por la tele. No sé.
–¿Y vos?
–Y yo no sé –me encojo de hombros.
–Mirándola… ¿detrás de un vidrio?
–No. Con esta gente no estás atrás del vidrio.
–Contemplando –me interrumpe– cómo se pasa la vida.
–Qué sé yo –otra vez hago el mismo gesto–. No sé, yo pensaba que cambiar de trabajo y pasarme a un trabajo… que me acercara más a lo que pensé que quería, que es la música…
–¿Un trabajo cómo? –me interrumpe, suspirando.
–Qué sé yo, donde había gente que parecía como más… más alegre, como más dispuesta a…
–Claro, pero si vos vas a buscar un trabajo que sea, a demás…
–¿Cómo?
–No un trabajo que se acaba. Uno en el cual trabajás ocho horas, lunes a viernes, trabajás esas horas y después… araca, victoria.
–Sí, lo que pasa es que si trabajás todas esas horas, después no te queda para hacer otra cosa.
–¿Ocho horas? Sí, ¿por qué no?
–Estás cansada…
–Vos porque trabajas doce horas. Cuando trabajabas de vendedora trabajabas muchas más horas que ocho.
–Sí. Y no te queda tiempo.
–Si trabajas ocho horas sí.
–Y pero…
–Trabajás cinco horas por la mañana, tres por la tarde…
–Ya hablamos de eso, ¡con mi currículum no consigo pero ni por casualidad un trabajo así!, tan corto y que rinda para pagar todo. En mi tiempo libre voy a tener que conseguir otro para cubrir el resto.
–¡Como te atajás! ¿Eh?
–¡No es atajarme!
–Mira que estabas trabajando en un trabajo que vos calificabas como un trabajo de mierda, ¿no?  Y podías pagar todo.
–¡Pero estaba todo el día ahí!
–Uhum.
–O sea, no hacía otra cosa que estar ahí.
–Claro, pero tenés currículum ahora como para trabajar en un lugar mejor, ¿no? Tenés el trabajo de Avellaneda.
–Sí. Pero era en negro… no sé si sirve de currículum eso. No sé ni siquiera si me sirve como referencia, si los quieren llamar no sé ni siquiera si los podrían encontrar.
–Bueno, pero la empresa como nombre existe.
–Y no sé, perdí todo el contacto.
–Claro, pero sabés que trabajabas con ellos, fulanito y menganito, y si no, no…
–Pero en negro, por eso, si llaman y dicen “¿trabajó?”, “y… no”. Listo. No hay ningún registro de que haya trabajado ahí. Igual no sé, no… tampoco es… no sé, el tema es que… –suspiro.

“ARACA, VICTORIA, ME PIANTE DE LA NORIA”
–¿Tiene algo que ver con el miedo esto?
–¿Miedo a qué? –hace un gesto con la cabeza, levantando el mentón– Miedo a morirme no creo, porque… hasta me harían un favor, así que no creo.
–Mjm.
–¿Y qué otro miedo? ¿Miedo a qué?
–Por ahí a vivir ¿no?
–¿Cómo se puede tener miedo a vivir?
–Porque esto, según como lo describís, no es vivir.
–No sé, es como si siempre le estuviera haciendo el aguante a otro. Por ejemplo en el local, haciendo lo que no se quiere hacer y sosteniéndole las cosas a los demás.
–Mh.
–Y acá medio que estoy haciendo lo mismo.
–Claro, pero fijate que usaste justo el término, ¿no?
–¿Cuál?
–“Hacer el aguante”, no “ser”. Uno hace el aguante y el otro…
–¿Por qué?
–Porque es lo que vos decís.
–¿Y pero por qué haría eso?
–¿Por qué…?
–¿Por qué haría eso?
–¿Por qué harías eso? –le digo que sí con la cabeza–. Eso es lo que todavía no logramos descubrir. Por eso te preguntaba si no habría un cierto miedo a salir a jugarte, a…
–Y es que pienso y “bueno, a ver, ¿qué haría?, ¿qué me gusta?, ¿para qué?”, y me doy cuenta que no me interesa nada. Que el problema principal es como una falta de interés.
–Y ¿cuándo dejó de interesarte todo?
–No sé si alguna vez me interesó algo.
–Decías que cuando eras adolescente…
–Cuando era adolescente lo que me interesaba de tocar música era ser como una estrella y morir gloriosamente a los 27, cosa de no tener que vivir tanto y haber hecho algo.
–O sea que la fantasía incluía la muerte.
–Claro. Y después nada, después fui a ese local de Córdoba y dije “ah, pero puede llegar a suceder”. Qué sé yo. Tal vez no a los 27, pero…
–Claro, pero entre… entre que te gustaba la música y querías ser una estrella de rock… para eso hay que hacer… hay que estudiar un poco. Aunque ahora no tanto, porque ahora si querés tener una banda para tocar… –carraspea la garganta–. Eh…¿entre eso y el lugar ese de Córdoba donde estuviste el año pasado?
–Me quedé como…
–¿En pausa?
–Algo así.
–¿Cuándo te dejó de interesar la música? ¿Cuándo dejaste de…?
–Evidentemente ni me interesaba la música, porque si no hubiera estudiado, o hubiera hecho algo.
–¿Y por qué no estudiaste?
–Y porque… no tenía los medios.
–Mjm. ¿Y qué medios te hacen falta?
–Y qué sé yo, para ir a estudiar tenés que tener el tiempo, eh… tenés que tener una guitarra, tenés que tener cuando sos adolescente cierto apoyo de algún tipo “voy a estudiar…”, “ah, si vos querés ser una vaga, qué sé yo, por qué no te vas a trabajar, por qué no te dejas de joder, siempre pensás en vos sola…”, “bueno, está bien, no lo hago.” Qué sé yo.
–Y ¿eso te hizo desistir?
–Y, no sé, imaginate que cada cosa que se te ocurre te la tiran tan abajo. Y a mí mucho no se me ocurría, se me ocurrió una sola y me la tiraron tan abajo... digo, “bueno, qué sé yo, mejor primero me voy, después empiezo a hacer lo que me gusta”. Y ahí entré en esa dinámica del mundo del trabajo para los que tienen poco, que es “trabajá toda tu vida esperando alguna vez tener un minuto para lo que te gusta, y si es que te quedan ganas”.
Nos miramos en silencio. Ella, sin dejar de mirarme, inclina la cabeza hacia un lado como si estuviese escuchando a un enano hablándole al oído.
–¿Por qué? Para estudiar tenés que tener ganas, sobre todo –habla con suavidad, modulando mucho.
–¡Pero es otra vez lo mismo!, para estudiar tenés que tener cierta disponibilidad de… de todo, de ganas, de tiempo, ¡aparte no es gratis!, nada es gratis. El tiempo no es gratis.
–Claro, pero cuando vos no sabés lo que podés estudiar… tenés institutos gratuitos.
–Sí, pero si sos adolescente y sobretodo estás en una casa de donde casi nunca saliste a la calle, no sabés de qué va todo eso, salís ¡y no sabés ni qué tenés que hacer! Y te encontrás mayormente con gente que tampoco te tira muy buena onda, volvés a tu casa y es la peor. Es como… qué sé yo, te enterás de que podés hacer algo que te gusta cuando ya pasó el tiempo, ¿entendés? No sé. Aparte hay que ver si te enterás que podés hacer algo que te gusta, o si te enterás que te puede gustar algo.
–Entonces es mejor ni averiguar.
–Y no sé, es lo que te digo, “a ver, ¿qué me gusta?” ¡Y qué sé yo!
–Porque me refiero a esto que vos me contabas recién, ¿no? Que, cuando vos decías que te gustaría hacer otra cosa, era todo tan claro que mejor ni hablar más. Porque ese mínimo apoyo que te hacía falta, como para que digas “ay, bueno, mirá, vamos a averiguar”… ¿vos dónde era qué vivías?
–En Lomas.
–¿En Lomas de Zamora?
–Sí.
–Porque pensaba que ahí, cerca, o relativamente cerca, en Avellaneda, está la única Universidad de Música popular. En capital no hay ninguna, es ahí en… en Avellaneda –carraspea la garganta–. Pero que necesitabas esa mínima aprobación, apoyo ¿no? Y después de desistir de hacerlo, vos ya desistís hasta de pensar algo, porque tenés que, en realidad, pensar algo no que te guste a vos sino algo que conforme a tu mamá, a tu papá no porque ni siquiera le interesa.
–Y a mi mamá tampoco.
–Por eso. Lo que te quería decir era lo siguiente: que vos ya no podías “pensar” en que, en vez de estudiar música, o estudiar letras, no sé, cualquier cosa que te gustara, lo que tenías que pensar era “qué le gustaría a mi mamá que  hiciera”. Creo que eso es también una de las trabas para poder pensar qué te gustaría, así no más, en el aire, como vos decís “estar en una playa con palmeras” No, eso tampoco. Pero como para poder… “soltar”. Pero como se fueron cerrando tantas rejas, ¿viste como cuando llevan a los presos que van cerrando las rejas atrás?
–Sí.
–¿Hasta que quedás finalmente en el último lugar? ¿En el mayor encierro? –digo que sí con la cabeza–. Como si lo hubieras… cerrado o lo hubieras visto siempre cerrado. No podías pensar “bueno, no me gusta estudiar guitarra, voy a ver qué me gustaría estudiar” o “¿quiero ser una estrella? Bueno, me gustaría ser… actriz”. No. Siempre  queda como clausurado tu deseo ¿no? Como si se lo hubieras… entregado a tu mamá, sacrificado a tu mamá.
–Pero de repente pienso… mi hermana, que siempre fue la que brilló, y que “ay, tiene los hijos hermosos, el marido, trabaja, y se supone que todo es la felicidad”, eso es lo que mi mamá hubiera querido. O lo que quería para ella y por eso ella es tan grandiosa. Pero yo la última vez que la vi… la verdad es que se le cayó todo eso.
–Pero ese brillo, no es un brillo propio.
–Y pero yo… es lo que te digo, la veo ahora y la veo como envejecida, enojada, como… tal vez funcionó en algún momento, pero veo que es todo una escena.
–Pero ese brillo era el que se veía reflejado en el otro. Los que brillaban eran marido e hijos, no ella. “Mirá qué… qué hábil, o qué inteligente, o qué…”, –dice echando la cabeza hacia atrás, levantando las manos–, “ella hace tal cosa”.
–Sí, era “¿por qué no sos como ella, que tiene… que… triunfó en la vida? Es linda, tiene a su marido, a sus hijos, le va bien… ¡Ella!”.
–“Tiene”, no “es”. Si se va el marido con los hijos, se le apagó todo. Pero se le apagó antes por otras cosas. Porque probablemente no fue lo que quisiera. Ella también, por así decirlo, prostituyó su deseo.
–¿Cuál? ¿Mi hermana o mi mamá?
–Tu hermana. Ella ni siquiera averiguó. Tu mamá quería que se casara y tuviera hijos, ya está. Se casó y tuvo hijos. ¿Y ahora?, ¿qué?
–Mh.
–Que es mucho peor que tener un trabajo de mierda, digamos ¿no? Porque del trabajo te podés ir, pero con los pibes ¿qué haces? ¿Los rifás? Porque tu papá la arregló fácil, pero por ahí para todos no es tan fácil, sobre todo para una sociedad así, para una mujer. Que un tipo se vaya no está dentro del todo… no digo que no esté “mal visto”, ¿no?, pero como que “bueno, los hombres son así”, pero si una mujer abandona a los hijos, sonó.
–Y, pero ¿vos que decís?, ¿qué en su caso estaría bien irse, y abandonar a los hijos y su familia y todo?
–¡No, no digo que estaría bien! Digo que la presión social es mucho mayor, hay que ver cuánta presión social te podés bancar.
–Mh.
–Digo que nunca brilló por ella, sino porque ella ni siquiera averiguó qué deseaba, hizo lo que tu mamá quería y era “¡ay, mirá qué lindo, ella tiene marido e hijos!”, “¡mirá qué bien, qué bárbaro, se ganó la lotería!”,  “se compró una rifa y se ganó un auto” ¿Y? –me mira con las alas de la nariz inflamadas–. ¿Me explico?
–Mh.
–Vos con toda la furia… con toda la furia, te quedaste sola, masticando la ira y sin hacer nada “¿eso es lo que quieren de mí? ¡No voy hacer nada!”.
Me mira en silencio con el ceño fruncido y siento que tenemos el mismo gesto.
–Que en definitiva es lo que querían también, es “si no podés hacer “esto”, que es lo que tenés que hacer, entonces no hagas nada”.
–Mjm. Bueno, entonces dijiste “¿tengo estas dos opciones? Nada”. No tengo opción, así que mirá, me voy de casa. Y lo tuyo no fue “¿araca, victoria, piante de la noria?”
–¿Qué es eso?
–No piantaste de la noria…
–¿Qué?
–Hay un tango que dice así, pero vos no dijiste pianté de la noria. La noria es esa cosa que… tenés el burro dando vueltas para que junte agua con los baldes que pasan por ahí, es una cosa que da vueltas, vueltas, vueltas…
–Sí.
–Y el tango ese dice “araca, victoria, piante de la noria”. Vos no piantaste de la noria. Te fuiste, pero no piantaste de la noria. ¿Tenías dos opciones?, bueno, te quedaste con la de no hacer nada. Masticando la furia… –levanta un dedo–, pero no haciendo nada. ¿Vamos a ver si hacemos algo con esa furia? –dice mientras se levanta de la silla. Yo hago lo mismo con la cabeza baja.
–Bueno.
–Chau –dice entre risas, esperándome en la puerta con el brazo en alto–, hasta el jueves.
–Chau –me río un poco también. Nos damos un beso–. Chau.