Sesión 19: Esa escalera ascendente de las cosas


· LAS MANIPULO COMO A UN OBJETO
· LA ETICA DE UN LUGAR ASI
· SEGUIR NO DECIDIENDO
· ESA ESCALERA ASCENDENTE DE LAS COSAS
· "LO QUE ES ENGAÑO PARA UNO NO LO ES PARA OTRO"
· LO MISMO
(· UN DISFRAZ, UN UNIFORME)
(· EL DESEO)

Estoy tranquila, camino lento mirando a las personas que se cruzan por el pasillo. Cuando llego a la puerta del consultorio espero unos minutos porque es temprano y me entretengo mirando el estado general del lugar. Finalmente la veo llegar desde el otro pasillo, camina animadamente y se la ve muy jovial. Nos damos un beso antes de entrar.

LAS MANIPULO COMO A UN OBJETO
–Hola.
–¿Qué tal?
–Bien –me dice mientras se termina de acomodar en su silla–, ¿y vos?
–Bien, acá –me quedo callada pero ella no parece querer hablar–. Bien. Me quedé pensando un poco en el viaje a Rosario.
–Mjm.
–En… no sé, en que fui porque me daba lo mismo ir allá o quedarme acá trabajando. Como que era casi lo mismo. Y en  lo que hice allá como de atender… no sé, de entrevistar a estas chicas, que fueron así como tan manipulables que no sé, me hace pensar en…
–¿Cómo?
–Que sean así, tan… disponibles, no sé.
–Bueno, pero…
–Tan manipulables.
–Están disponibles porque van para… ante determinado pedido.
–Sí, pero ahora estoy acá y me doy cuenta que a las chicas de acá también las manipulo como si fueran objetos, no sé. No sé si es que ellas se ponen en ese lugar, que es un poco también su trabajo. El tema es que...
–Es el tipo de trabajo.
–Claro. Sí, pero yo no sé. Mi idea ahí es como empezar a ir para un lado más… de armar un espacio para tocar y qué sé yo, pero finalmente me voy encontrando como haciendo otras cosas también. Son como esto de decidir quién…
–Por ahí te estaba gustando esto de que hayas pasado de ser una “empleada” a tener el lugar, ¿no? Que te pongan en un lugar y que… “manejar” a la gente.
–Pero es que en cierta manera, casi te diría como que… que es algo que se desprende de lo que pasa, o sea… es como que no se habla, se entiende que es así. O sea nadie dice “bueno, vos vas a hacer tal cosa”. Como yo tampoco digo “vos vas con aquel”. Pero en cierta manera, las cosas se van dando así.
–Mjm.

LA ETICA DE UN LUGAR ASI
–Y… no sé, pensaba en eso, qué sé yo. Pensaba en si está bien o mal. Y después pienso que en un lugar así no se puede juzgar, no se puede decir “está bien o mal”, pero por otro lado pienso que sí puede haber cierta ética.
–¿Te hace bien?
–Qué sé yo, una cosa es que… bueno, las cosas son como las… –hablo entrecortado y hago muchos gestos tratando de encontrar la manera de explicarme– . Así es como está dispuesto todo y cada uno tiene como un rol, pero otra cosa es ya manipular, es cuando yo ya estoy como diciendo…
–Coordinadora –dice con cansancio.
–Sí, bueno, no. En cierta manera estoy convenciendo a la gente de que le gusta tal o cual cosa. Eso ya es otra cosa, no es que estoy coordinando…
–¿Qué sería que le gusta tal o cual cosa?
–Y, convenciendo a la gente de que en realidad, por ejemplo, cuando… estoy hablando con… estos señores, tal vez uno está como encaprichado con alguien que no tiene tiempo o no está disponible y empiezo como a convencerlo de que en realidad la persona que le gusta es otra. Y termina convenciéndose.
–Claro, pero es… La gente va a entretenerse a estos lugares… –usa una voz grave que acompaña con una inclinación de cabeza que hace que el mentón casi desaparezca en el cuello de la camisa.
–Sí, bueno, pero la gente también tiene sus gustos.
–¿No? Así como vos, por ahí, convencías a alguien de que  en vez de comprar esto que no tenían talles, compre algo que no quería.

SEGUIR NO DECIDIENDO
–Sí. Entonces, al final, sigo sin decidir, sigo no decidiendo. Si es por eso…
–Vos decidís.
–Como que cambie de color pero sigue siendo lo mismo.
–Sí –hace un gesto afirmativo y sube mucho las cejas, yo me río.
–Sí. No sé. No sé, lo cierto es que…
–Por lo menos de color exterior –me interrumpe.
–¿Cómo?
–Por lo menos el color exterior.
–¿Qué querés decir con eso?
–Vos dijiste recién “cambié de color”. Te digo que sí, pero del color exterior.
–¿Qué, interiormente sigo del mismo color?
–Parece que sigue del mismo color, ¿no? Al decir… usás la palabra color, por eso te digo… vos decís “cambie la apariencia, cambie de trabajo, pero dentro de todo…” –hace una pausa y agrega muy rápido–: “lo que me gusta es manipular a la gente”.
–¿Qué, vos decís que antes me gustaba manipular a la gente también? Yo creo que antes…yo ni enterada estaba.
–Claro…

ESA ESCALERA ASCENDENTE DE LAS COSAS
–De repente entro acá –hablo muy fuerte para tapar las bocinas, interrumpiéndola–, y acá me doy cuenta que… no sé si es que me gusta manipular a la gente, pero sucede que hay cierto placer en tener poder. Y aparte se trata de, por ejemplo, tenés un poquito de poder, querés un poquito más. Conseguís algo y querés conseguir más. Entonces es como esa escalera ascendente de las cosas que…como que entras en una especie de…espiral ascendente y vas pasando por lo mismo pero… No sé si se entiende, es como una especie de loop.
–¿Una especie de…?
–De loop, que va repitiéndose.
–O sea que volverías a hacer lo que hacías antes en este momento, solo que en vez de ser un… una remera es una mujer.
–Mmmmmh no… eso es una manera de ver pero yo no pienso que sea así. Siento que cambiaron un montón de cosas, yo no soy la misma que era antes –digo entre bocinazos.
–¿Y cuál sos ahora?
–Qué sé yo, antes… pensaba que había como un lugar en el que todo era… no sé.
–¿Un lugar en el que todo era…? –me dice mostrándome una oreja.
–En donde había gente como más… pura, y yo no estaba ahí. Y ahora no creo que sea así, ahora creo que todas las personas son personas y todos tienen… su lado bueno, su lado malo.
–Mjm… ¿Y el tuyo cuál sería?
–Y vuelvo a la parte esa que estábamos hablando, yo siento que no… no se puede juzgar moralmente a alguien, porque me parece que es como  una estupidez.
–No, no, me refiero a lo que vos decías “el lado bueno y el lado malo”.
–Por eso, antes pensaba… algo bueno y algo malo es como re… “el bien y el mal”, ¡qué sé yo! –ahora se escuchan también algunas sirenas–. No hay algo así. Me parece que no hay algo así porque es muy subjetivo, o sea, ¿para quién?
–Claro, pero yo no me refería a eso.
–¿Y a qué te referías?
–A que…cosas “tuyas”, de vos, que te gusten y cosas tuyas que no te gusten.
–¿Me preguntas qué es lo que me gusta y qué es lo que no me gusta?
–¡Claro!, qué cosas tenés de vos, que vos considerás cosas buenas de vos, por ejemplo… el color de pelo: no.
–¿El color de pelo no? –pregunto con una sonrisa que empieza a asomarse por el vértice de la boca a mi pesar– ¿Por qué?
–Porque siempre usas pelucas de distintos colores –me responde entre risas.
–¡Ah! –suspiro sorprendida– ¡qué me decís eso!
No sé si reírme o escandalizarme, ella me mira seria, con los ojos entornados y una sonrisa triunfante. Tarda en responder y yo no puedo evitar que se me frunzan los labios en esa espera.
–Si te gustara el tuyo, usarías el tuyo, ¿mh? –me mira por un momento y hace un gesto terminante con la mano y la cabeza.

“LO QUE ES ENGAÑO PARA UNO NO LO ES PARA OTRO”
–No sé… qué te gusta de vos o… qué cosas no te gustan de vos. Qué cosas para vos de vos son buenas, qué cosas son malas. No… en términos de pecado –ahora hace un silencio y me mira como si fuese por encima de un par de anteojos imaginarios ante lo que retengo un poco la respiración–. Porque por ahí hay quien dice “hay qué bueno, es altísima” y la otra está agachándose todo el tiempo porque detesta ser alta…
–Bueno, en ese sentido tendría que… es que… no sé, últimamente me está pareciendo todo como lo mismo.
–¿Últimamente? –me desanimo al ver que otra vez se sonríe.
–No sé.
–Eso es lo que te vengo diciendo.
–Y, ¿qué pensás, por ejemplo, del…?
–¿Para qué vale la pena intentar algo si todo es igual? –me interrumpe. Espero un momento y vuelvo a preguntarle lo mismo.
–¿Qué pensás, por ejemplo, del engaño?
–¿Del…?
–Del engaño. ¿Qué es para vos el engaño? ¿Cuál es el límite? O sea, ¿cuándo es engaño y cuándo no?
–Yo no… no soy de un grupo de moral.
–¿Vos no qué?
–No soy un grupo moral para decirte cuánto, qué, de qué…
–Pero no desde el lugar  moral, ¿eh? –la interrumpo–. ¿Qué pensás que es el engaño? No… no desde un lugar moral.
–Yo creo que estás hablando más bien de si podes engañarte a vos misma o ya no te creés.
–No, hablaba más bien de que… por ejemplo, “la realidad” es un engaño porque cada persona ve algo de una manera muy particular, muy subjetiva, entonces no existe algo real. No sé, no… No existe una “única cosa”, esa cosa es distinta para cada uno. Entonces ahí es donde empieza a ser todo lo mismo porque… ¡da todo igual! Si la cosa, si esa misma cosa va a ser siempre distinta dependiendo de para quién...
–Bueno, en base a eso hay bastante teoría filosófica así te podes zambullir en eso…
–Y, pero… ¿y cuál sería el sentido?
–¡Tener filosofía!
–¿Para qué?
–Para… ponerte en las mentes de otras personas que por ahí fueron muy brillantes… –habla entre los murmullos que vienen desde el pasillo– y que es algo que en este momento a vos te está cuestionando.
–Y, ¿de qué me serviría?
–No sé –me dice mirando la puerta y volviendo a mirarme–. Te ayudaría a pensar, a refrescar tu cabeza. Sobre todo porque es algo que te… que te cuestiona, digamos, a ver si te hace ruido. No sé cuánto ruido hace pero… es algo que te cuestiona. Entonces, bueno, ver que hay muchas personas, o varias personas, que pensaron en esto y que hicieron teorías filosóficas sobre, por ejemplo en este caso, la ontología.
–¿Sobre la…?
–Ontología, ¿no? Que tiene que ver con esto del ser… sobre la ética… te sirve para pensar. A ver todas las líneas de pensamiento que crearon distintos filósofos, ¿no? –afuera tosen muy fuerte.
–Hay que tener tiempo y ganas.
–Claro, pero por lo menos no te quedas pensándolo sola, tenés ahí personas muy capaces que estuvieron pensando en eso.
–¿Vos decís que yo soy incapaz de pensar en eso?
–Vos estás tratando de pensar en eso, pero te sentís como muy perdida, me preguntas a mí qué pienso. Me parece que para indagar en eso tenés que leer a las personas que sí se dedicaron a pensar eso.
–Pero, ¿vos no tenés…?
–Empezá por Aristóteles –me interrumpe.
–¿Pero vos no tenés como una…? No sé, como psicóloga, ¿no hay una manera de pensar en eso? ¿Qué es…?
–No es la del filósofo.
–No, pero por eso te pregunto a vos, sino leo un libro de filosofía.
–Claro, pero por eso. Justamente eso tiene que ver con la filosofía.
–Pero, ¿en psicología cómo…?
–No tiene nada que ver con la psicología.
–Por eso, en psicología ¿qué es el engaño?
–¿Eh?
–En psicología, ¿qué es el engaño? ¿O a qué se llama engaño? ¿O cómo opera el engaño?
–No, no. Vos estás hablando del engaño, el engaño como cosa en sí, ¿no? Entonces, el engaño como no solamente “este engaño”, si no “la realidad del ser”, entonces te digo que leas a los pensadores –mientras habla va bajando el mentón hacia el pecho con la mirada fija en mí.
–No, pero ahora quiero saber también que es el engaño para un psicólogo. No sé.
–Depende –me dice desde la postura a la que llegó, lo que le agrava la voz notablemente.
–¿De qué depende?
–De cada caso.
–¿Y en este caso?
–En este caso vos estás viendo que… –levanta la cabeza y suspira– que vos no te crees a vos misma.
–¿Me creo?
–No. Te estás ilusionando, te estás engañando y no sabés si quedarte en eso o… o no. Y ver qué…
–¿En qué momento me estoy engañando? ¿En estar… así?
–No te sentís bien, no sos feliz. Es como si empezara a llevarte… ¿viste cuando hay mucha gente que te empiezan a empujar y se van y vos no te podés mover a un costado y decir “sí, ¡pasen! Yo no quiero ir para allá, voy justo para el otro lado”? Sino que “no sé a dónde quiero ir y me llevan pero no estoy contenta”, no es “todos van para allá y yo también quiero ir”. Sino que… es como si te fueran empujando y te vas sintiendo cada vez más incómoda…
–Mh.
–…y buscando tu referente. Y por ahí tu referente es un filósofo, no yo. Porque lo podría ser o no, la que podría tener o no la respuesta, ¿sí? Y en la filosofía sí lo podés hallar: “qué es la realidad”, “el ser y la  nada”… –mientras enumera va perdiendo volumen y me hace esforzar mucho para escucharla.
–No te escucho nada.
–Escribió un libro Sartre que se llama “El ser y la nada”. Una de las corrientes filosóficas más… más modernas –dice muy fuerte.
–Pero Sartre… es una depresión leer Sartre.
–¿Eh?
–Es una depresión leer Sartre. Yo en algún momento leía, y leí Sartre, y me deprimía más de lo que estaba antes de leerlo.
–Bueno, pero…
–Porque si yo digo que todo es lo mismo, este es peor que yo.
–Leé… Aristóteles.
–Ah, ¿es más alegre Aristóteles?
–No es que sea alegre, es otra… otra teoría filosófica. Pero…
–No sé, las cosas que leí de Aristóteles son otros que hablan sobre Aristóteles, no Aristóteles.
–Ah, no, eso no sirve.
–¿Por qué no? Hay un libro de Deleuze que habla de…
–¿De quién?
–Deleuze.
–Ahá.
–Que habla de… ay, se me fue… de Spinoza y ¡está buenísimo!
–Claro, pero es lo que él opina de la teoría del filósofo.
–No sé, es como… no, es como una visión más contemporánea sobre la teoría. Es lo mismo que me estás diciendo vos: te está ayudando a pensar sobre algo. Es un tipo muy… que se dedica a pensar sobre eso.
–¿Querés leer sobre eso? ¡Leé sobre eso!
–No, no estoy hablando de eso…
–Claro, pero ¿qué?, ¡leé lo que te guste! –empieza a perder la paciencia.
–Hay que tener tiempo y ganas –digo como si se tratase de una una máxima.
–Leé lo que te guste, algo que te haga funcionar las neuronas…
–Hay que tener tiempo y ganas.
–Leíste a Sartre. Leíste a Deleuze…
–Pero cuando era más joven.
–¡Ah, bueno…! –se recuesta en la silla y mira el techo un segundo, después se reincorpora nuevamente–. Lo cual… digamos, estos autores no son como para sentarse y leer como una novela de un tirón, ¿no? Leés un rato y aparte, como estás pensando en todo esto, te sirve para seguir pensando, ¿no? “Pensando…” Pensando desde el punto de vista de tal o desde el punto de vista de cual, que no tiene por qué ser el tuyo ¿no?
Nos miramos un rato sin hablar, siento la impotencia de no hacerme entender y me dejo llevar por el ruido de la calle, hay una bocina que suena con monotonía marcando un ritmo insistente.

LO MISMO
–No sé. Lo cierto es que yo entré ahí para hacer una cosa y de repente me encuentro haciendo otra y… no sé, es como si en el momento en el que estoy ahí…
–¿Pero vos misma estas ahí?
–Sucede. Y no la paso ni bien ni mal, estoy ahí. No es que después vuelvo a mi casa…
–¿Estás? –me interrumpe.
–No sé. Y sí, no puedo desaparecer.
–Claro, pero… –suspira y apoya las manos en la mesa, cruzándolas– parece que estás en parte, ¿no?, y hay otra parte en que vos mentís. Que tenés algo de poder sobre otros, “algo más superior” dijiste vos, que…
–No, pero yo no estoy hablando de… de inferiores, inteligentes, no inteligentes...
–No, yo tampoco hable de inteligentes, sino de un ambiente en donde vos sentís que podés manipular a personas que…
–No es porque sean “inferiores”, es porque se ponen en la posición de… ¡de estar disponibles!
–En ese punto están en inferioridad de posiciones –habla con un tono cortante, concluyente, después me mira en silencio–. ¿En qué otras cosas te va bastante bien?
–No sé, pero es que… hay… Es lo que te decía de las chicas que entrevistaba, hay algunas que no les queda otra y se ponen en ese lugar por una cuestión de “bueno, ¿qué hay que hacer?”, te preguntan qué hay que hacer porque necesitan un “alguien” que les diga qué hay que hacer para hacer eso, que es su trabajo. Pero hay otras que están ahí porque no entienden nada, que es más o menos el mismo lugar que yo ocupaba en ese local, esperando algún día ser la supervisora y algún día no sé qué cosa.
–¡Mjm! –mueve la cabeza enérgicamente.
–Como en un lugar súper ingenuo, en donde yo hago lo que quiero con ellas. Y no es que están decidiendo eso, es que ni se enteran. O con estos tipos que son unos nabos, que están ahí…
–¿Quiénes son, los dueños del bar?
–No, los que van.
–Los consumidores.
–No sé, ¡son realmente unos nabos!
–¿Cómo? –me pregunta con mucha seriedad.
–No sé… –respondo intimidada.
–Si lo decís por algo es –dice mientras se cruza de brazos.

UN DISFRAZ, UN UNIFORME
–Pareciera como que no… no tuvieran la capacidad de pensar, no sé. Nada, están ahí como si fueran… un pedazo de persona puesto en un lugar sin… Absolutamente disponibles –suspiro un poco más relajada–. No sé, es como que llegás y hay como “todo esto” –indico un sector de la mesa– que se tiene que mezclar con “todo esto” –ahora señalo el lado opuesto–, entonces más o menos hay que estar así como eligiendo qué cosa va con qué cosa, mezclar esas dos cosas y después se termina el día y me voy, al otro día vuelvo, “todo esto”, “todo esto” –vuelvo a señalar las partes de la mesa y me quedo mirándolas–. Y entonces empiezo a verlos como cosas amorfas, no sé, sin ninguna capacidad de nada. 
–¿Por qué no tienen capacidad? ¿No hacen, no trabajan, no tienen empresas o cosas por el estilo?
–Afuera de ahí no sé qué hacen. Yo no los conozco fuera de ahí. Yo conozco “eso” –la miro un segundo y dudo de seguir o no hablando–. Después hay otros que… que no.
Nos miramos en silencio. Esta vez no hay ruidos, la puerta y la ventana están cerradas y hay mucha humedad, el aire parece más denso.
–Que no son nabos –dice después de esperar a que yo siga hablando bastante tiempo.
–Ah, no sé si son…
–No, pero por lo menos…
–Me parecen peor que los otros –la interrumpo hablando muy fuerte–, pero… son más caprichosos.
–O por lo menos saben a qué fueron y qué quieren. No son todos iguales.
–Pero… eh… A ver –me acomodo en la silla y me arreglo el flequillo–, están en esa postura de cosa amorfa esperando por una cuestión de que no hay otra cosa para hacer ahí… va sí, ir a tomar algo, pero… no sé.
Otra vez nos miramos en silencio.
–¿Y ahí mismo es el prostíbulo? ¿O se van de ahí?
–Es un bar de copas, no es un prostíbulo.
–Claro, pero vos decís que “cuál se va a acostar con cuál”, entonces pregunto si funciona ahí mismo o se van afuera.
–Hay como una especie de convenio con un hotel que está…
–¿Cómo?
–Hay como una especie de… Van a un hotel que está ahí… es como una cosa medio así –hago unos gestos con la mano.
–Mh.
–Pero eso es “algunas personas”, después el bar es un bar, va gente a tomar algo, hay una chica que baila, está esta posibilidad de poder tocar.
–¿Realmente querés tocar?
–Y, era mi idea. No sé.
–Pero… te exigía mucho esfuerzo.
–Y, lo que pasa es que, en cada lugar a donde vas es como que está… hay como una fuerza que… Esto, van todos para allá y eso ejerce una fuerza, entonces si vos vas, y estás yendo medio cruzado, requiere medio como un esfuerzo grande y no sé, hacer que todos quieran ir…
–Digamos que si vos…
–Y mantenerse así es como medio difícil, te van llevando.
–Es más fácil ser amorfo. Digamos, la masa que se mueve es amorfa, en sí no… no… –me mira de reojo y sigue–. Llega un momento que las personas pierden su identidad como personas, y van siendo llevadas hasta que se mueren. O esto que vos decís, que tienen esas características de masa en cuanto a que van ahí, algunos a tomar algo y muchos van porque ahí surten chicas, digamos, ¿no? Eh… no van a hacer mucho, van a eso nada más. Vos los ves amorfos, y vos sos diferente, con esta peluca estás haciendo este trabajo.
–¿Por qué me hablas de una peluca? –pregunto con una sonrisa que no puedo evitar.
–¿Cómo por qué te hablo de una peluca?
–Sí, ¿por qué “ahora” me decís “te ponés la peluca” y durante todo este tiempo…?
–Porque vos dijiste cosas –me interrumpe– que tienen que ver, ¿no?, con eso de “ponerse un disfraz”, y lo más… O “un uniforme”… –dice levantando dos dedos de cada mano a la altura de la cabeza y moviéndolos.
–¿Yo hablé de un disfraz o un uniforme? ¿Cuándo?
–No hace falta usar la palabra “disfraz”, ¿no? Pero con que cambie un “color” –me mira con el mentón hundido en el cuello de la camiza–, lo más evidente en tu aspecto era esta peluca colorada –la miro atónita, sin atinar a decir nada–. ¡No te creció el pelo de golpe, así…! –ahora me mira de costado, con los brazos cruzados.
–Pasó mucho tiempo… –abro mucho los ojos cuando hablo.
–Cinto centímetros… o seis –ella habla con gracia, yo me río a mi pesar–. Además… ¿vos me decís hasta donde llega en un año?
–No sé –digo entre risitas de incomodidad.
–A ver si yo me creí y que eras rubia y ahora de pronto te hiciste morocha o pelirroja, ¿no? incluso desde lo más… como lo más obvio –veo cómo ella me mira en silencio el pelo, la ropa, las manos–. Vos decís “yo en este momento no puedo creer nada porque no puedo ni averiguar quién soy”. “Hago” como que “hago”, pero hay como una especie de astenia, ¿no? De… bueno, como una especie de… “Para dejar de pertenecer a la masa tengo que hacer un gran esfuerzo”. Y parece que es difícil encarar esto, de pronto estás haciendo otra cosa. Te agarrás de esta sensación de que tenés un cierto poco de poder, ¿no?, y te tratás de diluir un poco en la gente que en realidad juega a eso: a que la engañen.
–¿Que juega a qué?
–¡A eso!, a que alguien le diga con quién estar esta vez… supongo que hace tiempo que van, o algunos empezaron a ir y otros van hace años, o no habrán ido siempre a ese lugar, habrán ido a otroa,  o quién está disponible, quién no está disponible… –me mira tranquilamente, con la cabeza inclinada para un costado–. Por ahí en otros lados es más evidente, ¿no? Yo me acuerdo de una paciente que era… como si fuera recepcionista en un prostíbulo, entonces era “está tal o está cuál, o no está” –da golpecitos en la mesa acompañando la frase–. No podía ser así como más elegante, más… disimulado. Vos decís acá todo es un engaño –suspira y cambia el tono de voz–. ¿Te importa ahí que haya engaño o no importa mucho?
–Y yo… si me estoy engañando, ¿a quién estoy engañando? ¿Qué tendría que hacer?
–Mira, estas en una… –vuelve a suspirar–. Es como si fuera en una puja muy grande, ¿no?, de “averiguar”. Por un lado, con una especie de desencanto absoluto, pero de todos modos seguís viniendo. Querés seguir viviendo, yo te planteé “¿te parece, te sirve para algo?” y vos dijiste “es el único lugar donde puedo hablar de ciertas cosas”. Bueno, ¿cuáles son esas cosas? Porque hasta ahora es… –hace un largo silencio, mira el techo y piensa–, te quejás de esto, de aquello, de lo otro y…
–¿En serio?
–Pero de todos modos… de pronto queriendo meterte con bastante reticencia…
–¿Qué, qué es eso donde me quiero meter con bastante reticencia?
–¡Meterte con vos! En vez de decir “bueno, voy a ir… no sé, todo el día durmiendo, o… la masa, o lo que sea”, y para poder hacer eso me conformo con esta sensación de que tengo cierto poder sobre… “cuando vendía ropa convencía a la gente y no le decía que no tenía talles, sino que le quedaba divino”, o ahora que digo “ay, no, en realidad estoy bien”. Vos pensás “¿es un amorfo imbécil? O, ¿pero a la gente no le importa, y me está haciendo creer a mí un engaño?, ¿o me engaño?, ¿o me engaña?”, ¿no? Y está toda esa cosa siempre de la mentira dando vueltas, del engaño, del desinterés. Por ahí, cuando vos hablas de las relaciones dentro de tu familia con tu madre y con tu hermana, se parece un poco como a una representación, ¿no?
–¿Estar ahí? ¿Como que cada uno…?
–Que ahí hay una representación. Entonces tu mamá dice “vamos para acá” y tu hermana dice “andate”, y en realidad ni tu mamá quiere estar ahí, ni tu hermana puede decirle que se vaya. Pero sigue la representación. Y vos cuando vas te sentás como una espectadora y tratas de no involucrarte en esa representación pero también tenés un lugar, un rol.
–¿Qué, el rol de espectador?
–En ese momento tendrás el rol de espectador… Bueno, siempre vas a tener el rol de espectador o “masa” o… eso donde parece que tuvieras como… –suspira y cambia de postura, me mira un rato antes de hablar–. Em… empezar a realmente a tratar de encontrarte con vos  misma y ver qué querés hacer, o si no querés hacer nada. Si realmente todo te da igual, o si de veras te interesa algo, si de veras querés cantar... Y lo que se desea cuesta.

EL DESEO
–¿Eso llega en algún momento o siempre es un deseo?
–¿A qué le llamas “eso”? No entiendo.
–“Lo que se desea, cuesta”.
–¿Vos decís “se deja de desear en algún momento”?
–Y qué sé yo, “deseás esto”, ¿llegás en algún momento a “esto”? Cuándo llegás a esto, ¿dejás de desear?
–Me parece a mí.
–¿Pero llegás a eso?
–Obvio.
–¿Y no es medio frustrante?
–No.
–O no “medio frustrante”, si no “Bueno, listo, ¿y ahora qué?”
–Te llevará a otro deseo, a otra cosa.
–¿Vos decís que la vida es un camino de deseo tras deseo? Decir como… como si fueran piedritas y vos vas saltando…
–Vos decís como que fuera una especie de calvario o ir en el coche fúnebre.
–¿En el coche qué?
–Fúnebre. Adentro del cajón, ¿no? Ir como muerto por todo el mundo, por la vida, o, bancarse el deseo y la frustración cuando el deseo no se logra, la satisfacción cuando sí. Y no que, cuando se consiga algo pueda existir algo más, sino que inmediatamente morís. Una especie de deseo mortífero.
–¿Qué tenés un deseo, lo cumplís e inmediatamente morís?
–Eso es lo que dijiste vos “¿y ahora qué?”, ¿no? Como que un deseo fuera un capricho. Un motor.
–O sea… ¿un motor dijiste?
–Uhum.
–A eso me refería, a que si es un motor, ¿tiene que terminar?
–¿Cómo?
–Te quedas sin motor si llegás…
–¿Por qué?
–No sé.
–¿Por qué te quedás sin motor?
–Yo deseo esto, llego a esto, se termina ese motor.
–Vos tenés un auto, te querés ir a Mar del Plata, llegás a Mar del Plata y después te volverás, irás a otro lado, pero el auto lo seguís teniendo –me mira fijo, está muy seria–. A eso me refería con deseo mortífero, ¿si?, vos decís que cuando llegas “¡se termina todo!”, entonces mejor mantenerse así, sin averiguar si se desea algo o qué. Digamos, cuando vos hablabas de cantar, tampoco era demasiado enfáticamente, como si tuvieras cierto miedo a que… si te ponés a hacer esto… que el deseo sea realmente mortífero. De pronto me hizo acordar, justamente porque es una propaganda, a ¿Amy Winehouse?, ¿esa cantante que se suicidó?
–No se suicidó, murió de sobredosis –afuera se escucha una bandada de cotorras pasando–. No es lo mismo, porque podría no haberse muerto, y estar viva todavía. Como Charly, que se la pasó drogándose y todavía está vivo.
–Claro, pero él no lelgó a una sobredosis, está hecho pelota pero... Estaba hablando de una muerte, y en ese caso sí es un suicidio. Pero es como… alguien que se queme.
–¿Que se quema a sí mismo? En algunas culturas eso es bueno.
–Claro, pero estamos hablando de nuestra cultura. Y de esa chica que tenía un talento descomunal, para algunos, para otros por ahí no. Pero en esta propaganda parecía una persona con talento, por eso digo que ella se incinera.
–¿Que ella qué?
–Se incinera, digamos ¿no?, en ese probablemente deseo mortífero, no lo sé, no sé tanto de eso como para ponerme a decirte a ciencia cierta, pero es como si no te animaras a animarte. Por un lado te tiene re podrida esta vida, por decirlo así…
–¿Me tiene re podrida? No sé qué me pasa pero no te escucho bien, ¿me tiene re podría qué?
–¡Esta vida!
–Ah.
–Te tiene re podrida, no es lo que buscás. “¿esto es la vida? ¡Puta madre!”.  Y por otro lado, no tratar de averiguar si podrías haber otras cosas.
–Pero sí, de hecho cambié de lugar, de trabajo. Es otra cosa para mí.
–Mjm… –me mira como si estuviese muy alto–. Bueno, nos vemos el jueves Clara.
Se para en silencio y yo hago lo mismo. Cuando llego a la puerta me doy vuelta y veo cómo se sonríe.
–Chau, ¡hasta el jueves! –me dice muy alegremente.
–Hasta el jueves –hablo con la boca casi cerrada–. ¿Dejo abierto?
–Sí, por favor.
–Chau.