Sesión 17: La puesta en escena


· LAS AVERIGUACIONES SOBRE PAPA
· CAMBIO DE TEMA
· HERENCIAS DE FAMILIA
· LA PUESTA EN ESCENA
· LA HERMANA ENVEJECIDA
· A LA SOMBRA DE LA QUE BRILLA

Llego un poco apurada, la puerta está entreabierta como siempre. Golpeo.
–Adelante.
–Hola –digo, mientras entro.
–Hola, ¿qué tal? –nos damos un beso–. ¿Cómo te va?
Corro ruidosamente la silla para sentarme, ella tose. Me acomodo. Veo que me está mirando desde su silla con un aire bastante particular, como si esperara algo de mí.
–¿Qué tal? –pregunto.
–Bien, ¿y vos? ¿Cómo estás?
–Bien –digo con voz finita.
–No… como la vez pasada no viniste… –me dice mirando las cosas que distraídamente reacomoda en el escritorio.
–Te había avisado que no iba a venir…
–¿Me habías avisado?
–Sí…
–¡Ah! Porque no… sí, sí… es verdad que ya me habías avisado –hace una pausa–. ¿Y?
–Bien.
–¿Bien todo?
–Bien –repito con el mismo tono de vos que antes.

LAS AVERIGUACIONES SOBRE PAPA
–No, digo, lo de viajar digo, y posicionar cosas… y todo…
–Sí –respondo. Me mira con cara de interrogación–. Raro… –agrego.
–¿Mh?
–Raro… –insisto–. Viajé y me vine antes en realidad… viajé poco. En realidad viajé después, pero como me habías dicho que no venías me quedé sin venir.
–Mjm –tose.
–No sé. Pero… Es mi mamá que está haciendo unas averiguaciones con respecto a mi papá –arrastro la voz cuando hablo.
–Mh… No, como me habías dicho que tenías que firmar cosas… y se daba todo de manera muy misteriosa…
–¡Por esto de las investigaciones que está haciendo! –la interrumpo.
–Sobre tu papá… sigue vivo…
–Sí, vive. Vive con su madre… supuestamente, no sé, está averiguando cosas sobre qué hace, dónde vive, qué tiene, qué no tiene, a ver qué le puede sacar.
Tose ruidosamente.
–Claro, porque vos no mucho pero lo has visto, o has hablado con él…
–Sí, alguna vez yo te conté que me llamó para preguntarme cómo estaba mi hermana.
–Ajá –dice al comienzo de un bostezo que tapa con el reverso de la mano.
–No sé… –digo, mientras bajo la cabeza y miro mis manos sobre la cartera.
–No, me refiero a que no está desaparecido, saben dónde vive –tose.
–Está medio desaparecido, porque… se supone que vive con la madre pero nadie sabe dónde vive en realidad. Al principio, cuando se pelearon…
–No –me interrumpe–, me imagino que lo pueden llamar por teléfono y les dirá en dónde está y ya está. La madre, es decir, tu abuela.
–Sí, pero depende… ¡mi abuela no sé si vive! Pero depende, qué se yo… él cada vez que llamó, que fue hace muchísimo, llamó desde un celular.
–Mjm.
–O sea que puede estar en cualquier lado.
–Claro, pero se puede averiguar en ciertos lugares…
–¿A dónde?
–En el teléfono de la casa a donde vive.
–Yo no lo sé –la interrumpo.
Carraspea la garganta, me mira muy seria y yo siento que el escritorio se encoge, dejándonos demasiado cerca una de otra.
–Pero… –se suena la nariz mientras hace un gesto afirmativo con la cabeza– se puede buscar por la guía, o llamar a alguien y preguntar…
–¡Igual es algo que no me interesa ni hacer!
Tose. Se suena la nariz.
–No, digo, ¡tu mamá!
–No, evidentemente es algo que no se puede porque si no no haría todas estas investigaciones.
–¿Y cómo lo hace? ¿Contrata a algún detective…? –pregunta y vuelve a sonarse la nariz.
–No, empezó con… con… Se ve que le agarró la parte de que está vieja y empezó con todo eso de las herencias… ¿viste?
–Mh… ¿ellos están divorciados?
–No. Se ve que quiere encontrar…
–¿Y casados sí? –me interrumpe.
Tose mientras digo que sí con la cabeza.
–Sí, solo que él se fue. Eso es todo.
–Mjm –responde con el pañuelo en la mano cerca de la nariz–. ¿Y no empezó con el tema del divorcio…? Nada…
–Y ahora está con eso –hablo mientras tose–. Está viendo qué hace con eso.
Vuelve a toser.
–¿Y qué…? ¿Para qué tenías que ir?
–Y, es toda una… –tose–, una cosa así de… –se suena ruidosamente la nariz–, de esos eventos familiares que son más parecidos a una novela, como la necesidad de dramatizar la situación… “todos reunidos para hablar de El Tema” –digo con voz solemne–, para saber y estar enterados de que ella va a empezar con las cuestiones legales… no sé.
–Y ella vive allá ahora –dice, y termina con una mueca de interrogación. Carraspea la garganta.
–¡En realidad se supone que vive acá! Pero… se fue hace un tiempo allá a ver a mi hermana y está allá. Y parece que se queda ahí un tiempo, no sé. Yo te conté que es medio… invasiva ella.
–Mjm –dice alzando las cejas y recostándose sobre el respaldo de la silla.
–Y mi hermana nunca le dio lugar, pero se ve que desde que yo no aparezco…
–Claro, porque me acuerdo de la época en que se fue… ¡hace un montón!
–No, no, pero ella volvió en el medio. Volvió…
–Porque decías que tu hermana se peleaba todo el tiempo.
–Claro, pero según lo que pude ver, porque tampoco es que hablamos mucho, mi hermana necesitaba que mi mamá la ayude en algunas cosas, que cuidara a los chicos y no sé qué…
–¿Y?
–Y se quedó –nos quedamos calladas un rato–. Emmmm… no se llevan muy bien. Se pelean bastante, lloran… Pero igual se queda ahí, se ve que la pasa mejor que acá sola.
Silencio.
–No sé… ¡así que no era nada!, era solo para…
–¿Te hicieron hacer este viaje para…?
–Si… no, a parte también se ve que… la necesidad de que nos reunamos.
–Mh… para hacer todos la reunión familiar…
–De vernos, de decir “ah, ¿cómo estás? Te cambiaste el pelo…” y esas cosas.

CAMBIO DE TEMA
–¿Cómo era lo de las vacaciones? –le pregunto alegremente– ¿Te tomás vacaciones?
Carraspea la garganta y apoya los antebrazos en el escritorio.
–Dos semanas seguidas. La que viene no… me tomo hasta el… lunes 30…
–¿Lunes treinta…? O sea que hasta el…
–De julio.
–Ah, en agosto ya estamos.
–Sí, me reincorporaría el 2 de agosto.
–El jueves que viene no tenemos.
–No, el jueves que viene no. Tampoco el 2 de agosto.
–Bueno, está bien. Para saber…
Nos quedamos en silencio, ella tose. El escritorio vuelve a su tamaño normal.

HERENCIAS DE FAMILIA
–¿Cómo te resultó todo eso?
–¿Qué cosa?
–¡El haber ido allá! ¡Para que te vean! Que cambiaste el pelo y esas cosas…
–No sé… por ejemplo de mi hermana vi que no sostiene tan bien como antes el personaje.
–Mjm, ¿y cómo la ves a tu hermana?
–Es que es un personaje bastante ayudado por toda esa organización familiar que venía funcionando y… ¿tengo algo? –le pregunto al ver cómo me mira insistentemente la pera mientras ella se toca la suya sin dejar de mirarme.
–No… ¿por qué?, ¿tenés algo?
–¿Qué?
–¿Te sentís algo?
–No, pero hiciste así, entonces…
–No… –sigue hablando pero no se entiende lo que dice–. Si tuvieras algo te hubiera dicho “mirá, tenés algo ahí”.
–Claro.
–Pero como no te dije… –dice entre risitas.
–Claro. Debe ser por reflejo… –trato de retomar lo que estaba diciendo– No… y… qué se yo… en donde ella es la genialidad a la que todo el mundo respeta. No sé, alejarme por un momento me hace sentir mal pero por otro lado veo que tiene… que incide sobre la realidad de ellos también, por más que se hacen los que no les interesa mi existencia.
–Mjm.
–Por ejemplo, veo que mi mamá viaja y se queda allá porque no tiene a quién volcar todas sus penas o sus cosas y la atosiga a mi hermana, que siempre se la pudo sacar de encima y ahora no. Mi hermana está… ¡parece más vieja incluso!
–Pero vos decís que tu hermana le pidió que se quedara a ayudarla…
–La necesitaba, como tantas otras veces que la necesita y ella va, hace… o no, qué sé yo… Y cuando ya no la necesita la deshecha. El tema es que ahora, en el momento en que le tuvo que decir “bueno, ya está, te podés ir”, mi mamá no se fue. No solo no se fue sino que me llamó a mí para ir allá, ¡y fue un momento…!
–Pero sin… ¿sin decirle a tu hermana?
–¡No! Me imagino que habrán hablado… mi hermana debe haber dicho “bueno, está bien, quédate”. Pero de todos modos se pelean mucho, es una situación muy tensa.
–Mjm.
–No sé qué les pasó. Parece que tienen mucho trabajo y necesitan que esté mi mamá… O sea, ya pasó el mal momento que no sé qué es, ni les pregunté, pero… Igual si mi mamá se queda tampoco les viene mal, el tema es que mi hermana no la soporta. Y la trata mal.
–¿Y qué? ¿Le viene bien a tu hermana que se quede tu mamá aunque no la soporte?
–Sí, porque mi mamá se queda con los chicos, sobre todo ahora en las vacaciones.
–Y ella sigue trabajando.
–No sé, no sé en qué está… él no… no sé, está haciendo algo que necesita que ella esté, entonces necesitan que alguien cuide a los chicos en ese tiempo.
–Mjm.
–Como verás no me interesa mucho saber.
–¡No, no! Yo entiendo, no…
–Ni me interesa ni les pregunto, porque no quiero que vean nada de mi parte. ¿Quieren que desaparezca?, desaparezco –digo con el ceño fruncido y la boca apretada.
–Claro, no… pero justamente lo contrario. El tema es que hicieron que fueras para algo así…
–No, no… la verdad es que había que firmar algo que es un… una cosa que se firma para sacar… –hablo entrecortada, hago muchos gestos con las manos–, eh… no sé, esas cosas de los abogados. No sé cómo funciona, pero que… como que no lo puede poner a nombre de ella entonces lo pone a nombre de sus hijas y tienen que firmar las hijas para que mi papá no… No sé cómo es, será porque están casados, para que no le quede nada a él… no sé.
Nos miramos en silencio.
–Fui a hacer eso. Bueno, ¡menos mal! Porque si no se lo podría haber hecho firmar solo a mi hermana y hacerme desaparecer de verdad, como en todo.
–Mjm.
–Pero me parece que está… lo que pasa es que esto es lo que yo me imagino, pero hasta llego a pensar que mi mamá… porque para algo viajó, si no le hubiera dicho a mi hermana que venga para acá. Me imagino que le habrá dicho… o habrá pensado en dejarlo solo para mi hermana y como vio que se estaba llevando tan mal me llamó a mí también.
–¿Y qué? ¿Es alguna propiedad?
–Claro.
–Pero no puede dejárselo solo a tu hermana, porque tiene dos hijas y las dos son herederas.
–Sí… ni idea –digo con tono despreocupado, ella tose–. No sé, tampoco me preocupa tanto –insisto.
–Claro, pero a lo que me refiero es a que… pueda elegir entre dárselo a tu hermana o no dárselo a tu hermana. Si vos vivís, sos heredera –me mira con el mentón hundido en el pecho, como no contesto hace un gesto afirmativo con la cabeza y espera, pero tampoco digo nada–. Bueno, pero por lo menos algo fuiste a hacer, no es que…
–¡Claro! No, pero… era como una mezcla, como una excusa, yo sabía que era para ir a firmar eso pero… –tose–, pero sonaba a esa cosa de… no sé. Como que tiene que haber una excusa para llamarme, porque como ellos son los que me quieren hacer desaparecer, no me van a llamar así porque sí.
–¿Ellos te quieren hacer desaparecer o vos no querés saber nada de ellos?
–A ver –digo seriamente acomodándome en la silla–: siempre fui yo la que llamó. No llamé más, no me llamaron más. Ya pasó todo lo que va del año y no llamaron nunca. A no ser ahora para hacer esto.
Carraspea la garganta diciendo que sí muchas veces con la cabeza.
–No sé, ¿nunca levantar un teléfono para saber? ¿Estás viva? ¡Algo!
–Claro, pero a lo que me refiero es a que vos tampoco tenés muchas ganas…
–Y… es como que no me dan ganas…
–Decís “como te darás cuenta no me importa mucho”.
–Es que… me cansé. No sé, son años donde soy yo la que junta ganas. Llega un momento en el que digo “bueno, a ver qué pasa si me quedo quieta”. Y no pasa nada.
–Mjm.
–Desaparezco. Pero –cambio el tono de voz, ahora hablo misteriosamente–, puedo ver que esa desaparición no es por mí, sino que opera ahí, en la realidad de ella más allá de… O sea, no es que me extrañen o no me extrañen, es que dejo de cumplir… deja de haber alguien que se encarga de determinada cosa y entonces empiezan a tener que cubrirlo con otras cosas, y se ve que no les sale tan bien o estaban más cómodas de la otra manera.
–¿Y vos ahí qué lugar ocupás? En esta…
–¿Ahora?
–No, en esa…
–¿Antes?
–Sí, en esa relación familiar, ¿no? Donde tu mamá siempre se queja de tu hermana que la maltrata.
–Y, nada… es así: mi hermana maltrata a mi mamá, mi mamá…
–Llora.
–…se queja con migo, y en cierta manera me maltrata porque no me da bola, es lo mismo que mi papá, me llama para preguntarme cómo está mi hermana. Porque él no se anima porque lo trata mal, ¿entendés? Mi hermana le dice algo choto a mi mamá, mi mamá llora y me dice “bu bu bu” con la finalidad de que yo vaya e interceda con mi hermana y me banque el malhumor de mi hermana y todo lo malo de mi hermana para convencerla de que la trate mejor, ¿entendés? Como si yo fuera el filtro por el que quieren o pretenden pasar para que yo me coma toda la mala onda de mi hermana y mi hermana sea buena con ellos.
–¿Tu papá pretende que vos hables con tu hermana para que tu hermana también lo trate bien?
–¡No!
–¿O solamente esa situación?
–Solamente esa situación. A ver: me llama a mí y no me dice “hola, ¿cómo estás?”, me llama para decir “hola, ¿cómo está tu hermana?”. Está haciendo lo mismo que mi mamá.
–Mjm.
–Creo que el peor lugar de ese circuito es el mío. Me corro de ahí y empieza a haber cortocircuitos entre los otros. O sea, de mi papá nunca más supe o nunca supe nada, porque en realidad mi papá no existe. Pero… no sé, empieza a haber cortocircuitos entre mi mamá y mi hermana porque no está la que trata de…
–¿Y vos siempre tratabas de…?
–¡Y, cuando era más chica sí! Seguía yendo de vez en cuando, llamando a mi mamá y bancándome… ir allá, a soportar esa mala onda… ella se quedaba más tranquila y listo, funcionaba bastante bien.
–Mjm, una vez evacuada.
–Claro.
–Pero ahí vos no tenías ya la necesidad de viajar a Córdoba a hacer de interlocutora.
–¿Cuándo? ¿Ahora? ¿Este viaje?
–No, este viaje no, ya desde un tiempo antes. Cuando ibas a lo de tu mamá vos lo único que hacías era… no la necesitabas, me decías, porque tu mamá lo único que hacía era quejarse, quejarse, quejarse y a vos te tenía re podrida.
–Sí, bueno… pero el tema es que fui…
–En cambio tu hermana –me interrumpe– que vivía en Córdoba, no podía hacer de interlocutora, no iba a llamar a tu hermana allá…
–¡No, más vale! Pero en cierta manera sí, tácitamente. Porque mi hermana maltrata a mí mamá, mi mamá se queja con migo hasta que se tranquiliza y ya vuelve a tener espacio para que mi hermana la vuelva a maltratar. A parte, si yo estoy escuchándola, ella no le reclama nada a mi hermana, entonces mi hermana evita tener problemas también con ella. Ahora, si yo desaparezco mi hermana la maltrata y la maltrata y ella, no teniendo a quién quejarse, en algún momento le devuelve algo, le reclama algo, le dice que la está tratando mal, entonces ahí empieza a haber como…
–¿Le dice?
–¡Y, no sé! Yo nunca vi…
–No, porque cuando hay un caso de maltrato así de… parejas… no importa qué tipo de parejas, ¿no? Puede ser de hermanos, madre e hija… no…
–¡Pero…!
–…le diga o no… –habla fuerte, pero como yo hablo más fuerte ella tose y me escucha.
–¡Aunque mi mamá no le diga nada, mi mamá lloraba con migo! Ahora le llora en la cara a mi hermana.
–Ah, le llora.
–Y mi hermana empieza a tener problemas. Como “ay, me estás hartando, ya no te quiero escuchar más”, y mi mamá llora, y se queja… Y esas quejas son las que enferman a mi hermana, por más que mi mamá no le diga “me estás tratando mal”. Llora, está mal… se queja –hablo con voz melodramática– de que le duele el ojo, el coso, le duele todo.
–¿Es muy grande tu mamá?
–No.
–¿Cuántos años tiene? –No contesto y dice algo que no entiendo.
–¿Qué?
–Que ya le pueden doler cosas, ¿no?
Levanto los hombros pero no digo nada.
–¿Cincuenta y pico?
–No… sesenta… Tal vez hasta estoy exagerando, pero no sé –ella me mira con desconfianza–. Sesenta y pico… no sé
Nos quedamos en silencio mientras se escuchan los sonidos del pasillo.

LA PUESTA EN ESCENA
–Por eso te preguntaba cómo te habías sentido con esto, ¿no? Porque… como…
–Yo en un momento hasta pensé “bueno, me tomo unos días”. Fui un día antes, firmé y me enteré que… que tenía ganas de verme. Entonces es como que se armó una… una nueva… un nuevo ecosistema en el que no quiero participar.
–Mjm… Sí, sonaba tan a puesta en escena... –habla con una mano en el mentón–. Cuando vos me describís, suena muy a puesta en escena.
–¿Suena a puesta en escena? –pregunto asombrada.
–Sí, ¿viste lo que se llama “puesta en escena” en una obra de teatro?
–Sí.
–¿La “puesta”? Vos podés ver en un libro que “la puesta” es una cosa… “Esto”, para lo cual te llaman unos días antes y es todo tan misterioso… y después sale esa cosa de buscar a tu papá, de ver dónde está… –usa una voz de exagerado cansancio–, ¡suena a tan a puesta en escena! Que no sabés si decir “¿me dan el guión, a ver cuál es mi papel?”. Suena a que a eso te fuiste, ¡no sabías qué ibas a hacer ahí!
–¡Claro! –digo, aliviada.
–Lo gracioso es que, al ser una puesta en escena donde vos no tenías tu rol… en esa escena…
–No, ¡es una improvisación constante! –digo divertida, ella tose.
–Y de ahí saliste más o menos despavorida.
–Mmmmno… fui, miré la puesta en escena y dije “no, yo no voy a representar este papel, llamen a otra”
–Claro, pero no había ningún papel bien… diseñado, ¿no?
–Era más… o sea… no, obviamente ellos no me iban a decir nada pero… lo que se esperaba era que yo… era que mi presencia… eh…
–Sonaba más a una venganza en contra de tu papá, de lo cual a vos te importa un pomo igual que de los demás.
–Mmmmno… –digo, sin convencerme del todo de ir por el mismo lugar que ella–, me parece que estaban esperando que mi presencia causara ese “equilibrio” que había antes, que cuando estaba todo mal..
–Mjm. Claro, pero me refiero a la aparición… de un enemigo.
–¿Del enemigo en común?
–Claro, donde se esperaba que vos tomaras venganza.
–Mh.
–Y te metieras ahí, en el escenario o en el coro para despotricar contra esta persona. ¡También es muy fácil! ¿Puede ser que ni tu mamá o ni tu hermana sepa dónde…?
–No… debe haber habido algo… como que quisieron encontrarlo y no… Mi papá, yo ya te conté, es un tipo muy abandonado que no le importa nada. Lo que yo me imagino –digo, señalándome mientras bajo el mentón y levanto las cejas–, que no sé si es así.
–¿Mjm?
–Me imagino que hace tiempo se habrá muerto su madre y que si no vive en esa casa le pasa raspando. Y que no debe tener ni un teléfono fijo… que debe estar en cualquier cosa.
–Claro, además si vendió esa casa que heredó de su madre… supongo que no debe haber nada de él.
–No, me parece que mi mamá está tramitando…
–¡Qué difícil! –me interrumpe.
–…para ver si… em…
–¿Ustedes dicen algo?
–Para localizar a mi papá y asegurarse de que esté vivo, y se muere asegurarse su parte. Me parece que esa es la idea de mi mamá. No sé, está como…
–Como heredera del reino.
–…como rastreándolo. Mjm.
Otra vez nos quedamos en silencio y me extraña no escuchar las bocinas de siempre ni los sonidos del pasillo. Ella tose y carraspea la garganta varias veces.
–No sé, pero… qué se yo… ¡se fue hace mil años!
–Sí –dice, mientras se mira las uñas con las cejas levantadas.
–¡Y nunca nos dio nada! ¿Qué voy a esperar? ¿Sacarle qué? Si ya lo que necesitaba no me lo dio… ¿qué me puede dar ahora? ¡Problemas! Porque ahora está viejo, voy a tener que ir a cuidarlo.
Vuelve a carraspear la garganta. Hacemos silencio, casi no nos miramos.
–¡No sé! ¡Es como que no les alcanza con lo que tienen y quieren más! ¡Que se lo busquen y que lo encuentren!
Ahora desde la ventana se escucha a un gato maullar.

LA HERMANA ENVEJECIDA
–Me llamó la atención… no sé si es que estará pasando por un mal momento mi hermana, con muchas cosas, y está estresada… pero la vi bastante envejecida.
–¿Mjm?
–Y ese brillo que siempre tuvo de la perfección… –me arreglo el pelo y me acomodo en la silla ruidosamente, por lo que no escucho lo que dice–. ¿Qué?
–Que es difícil de sostener, ¿no? Sobre todo… una imagen… fabricada en el otro.
–¿Vos decís que ella sostiene la imagen que los otros fabricaron de ella?
–Claro, ¡se cansó! ¿No?
–Ah, pero lo que pasa es que si están todo el tiempo poniéndote en un lugar…
–Claro, pero si no se pone ella se lo ponés vos. Por más que… que te pongan o te pinten de dorado, tenés que sostenerlo… vos viste que el dorado es caro.
–¿El dorado es qué?
–El dorado es caro. Pero eso lo viste ahora. El dorado es caro –repite mirándome fijo–. Al parecer no se banca más eso, y ahora que está ahí con tu mamá… no sabemos si ella es que la quiere ahí o si realmente la necesita porque no puede con los pibes… Pero una madre tan… difícil…
–No, igual… mi mamá tiene lo suyo también. Por ejemplo, cuando quiere algo o necesita algo y lo tiene que conseguir, sabe guardarse toda esa cosa de la queja y no sé qué y es un cascabel.
–Claro, pero…
–Tal vez mi mamá a mi hermana le dijo “ay, no te preocupes, yo voy, no te preocupes, ay, divino, divino…” –digo usando una voz finita, algo chillona–, todo divino y de repente cuando la tuvo allá…
–Claro, ¡pero tu hermana sabe cómo es tu mamá! No es que…
–¡Yo no sé hasta qué punto sabe! Porque mi mamá… esas quejas nunca estuvieron con mi hermana, cuando está mi hermana mi mamá es un cascabel.
–No, ya sé, por ejemplo vos decías que en estas vacaciones se peleaban todo el tiempo.
–Eso es lo raro…
–A lo que yo me refiero es que, vos aunque la veas muy amable, y muy dulce, ¿le creés a tu mamá?
–No.
–Entonces…
–Y, pero esa soy yo. Mi hermana tal vez tiene otra imagen de mi mamá.
–Puede ser –dice después de un rato y carraspea la garganta.

A LA SOMBRA DE LA QUE BRILLA
–Pero en realidad tuvieron que pagar la factura.
–¿Vos decís que es ella la que nos separó?
–Y… sí…
–Si lo hizo fue inconscientemente, no creo que tenga ganas porque dice que no puede entender por qué no nos hablamos.
–Claro, pero… si fuera una maravilla y no te dijera que vos sos descartable, va y viene entre las hermanas…
–Pero ella nunca me dice “vos sos descartable”, ¡nunca me va a decir eso!
–Pero te trata de una manera…
–Solo que…
–…que a vos te hace sentir mal.
–Por ejemplo, estamos…
–¡Si todo el tiempo te enfrenta con mi hermana y te dice “porque ella es linda”! –me interrumpe, enojada–. “Ella es… alta, ella es inteligente, ella es, ella es…” y vos no decís nada, quedás a la sombra de la que brilla. Pero… hay una rivalidad espantosa, lo que es una competencia normal entre hermanos se vuelve una rivalidad espantosa y obvio… ¡como que todo lo ve en una y a la otra no la ve! ¡Te deja siempre a la sombra de tu hermana! Entonces, deliberada o no deliberadamente, cualquiera se da cuenta que está promoviendo a uno de los hijos y al otro… lo hace desaparecer.
–Mh –digo, tristemente.
–¡Y te deja al costado! Porque ustedes cuando eran chicas eran bastante compinches.
–Como… nada, como todos los hermanos.
–¡Como todos los hermanos! Que son compinches, que se pelean por… ¡pero no esa cosa de distancia, frialdad! ¡Que cuando se ven no tienen nada que decirse!
La miro en silencio, con tristeza.
–Pero es raro, porque tendría que ser yo la que obvia a mi hermana… y en cierta manera es ella la que no me quiere, porque es ella la que… Yo la llamaba, ella no me llamaba, o…
–Sí, ¿pero la llamabas porque la querés?
–¡Ahora no! Pero en su momento yo trataba de acercarme y… bueno, no sé.
–Bueno Clara, ¿nos vemos el jueves? –me dice mirándome dulcemente con una sonrisa.
–Sí. Hasta el jueves.
Me levanto rápidamente de la silla, nos saludamos y salgo, cuando miro para atrás veo cómo cierra la puerta sin mirarme.