Sesión 15: Detrás de todas las cosas

 

· INSEGURIDAD PRIVADA
· LAS GANAS
· COMO EL DEPOSITO DE LAS CUESTIONES DEL OTRO
· TRABAJO IMPERSONAL
· DETRAS DE TODAS LAS COSAS

INSEGURIDAD PRIVADA
Llego y me encuentro con G. antes de entrar.
–Hola
–Hola… –me dice muy tranquila, parece haber estado esperándome en la puerta.
–¿Qué tal?
Entramos. Ella cierra la puerta, yo me acerco a mi silla y espero. Mientras nos sentamos la miro, tiene cara de cansada.
–¡Media hora con esa alarma sonando! –dice, levantando una mano y abriendo mucho los dedos–. ¡Dios mío!
–¿Cómo?
–Que estuvo como media hora esta alarma.
–¿Y esas alarmas…?
–¡Esas! ¿No escuchás?
–Sí, sí… pero ¿porqué suenan?
–Sabrá Dios…
–Así, porque quieren.
Ella dice algo que no entiendo bien.
–¿Cómo?
–Son espontáneas.
–Ah… yo porque…
–¡Es la primera vez que pasa! –me interrumpe–. ¡Están sonando dos o tres juntas!
¡Las acaban de poner! –dice mirando la puerta con indignación.
–Ah… es… es por el humo, ¿no?
–¡¿Cómo?! –vuelve la mirada hacia mí con furia.
–Porque hay un señor que se acaba de prender un cigarrillo…
Me mira con sorpresa unos segundos.
–¡No! No… ¡tiene que ser por mucho más humo para que suenen! No sé por qué suenan. Bueno, en realidad son cámaras de vigilancia, no son solamente para el humo: son cámaras de vigilancia
–¿Pero por qué? ¿Hay muchos problemas acá como para que hayan cámaras de vigilancia? –toso–. ¿Pasó algo?
–Mmmmno… pero parece que están poniendo en todos los hospitales, debe ser porque sacaron a la policía
–Ah… ¡pero si hay policías en la puerta!
–No son policías
–¿Qué son?
–Seguridad –responde rápidamente como si se tratara de una adivinanza.
–¿Y no es lo mismo?
–No, esta es privada. La policía es “La Policía” de verdad –dice, acentuando–. Antes teníamos policías de verdad
–¿Y cuál es la diferencia?
–¡Que son una Fuerza de La Nación!
–No, pero… prácticamente, ¿cuál es la diferencia?
–Primero –se toma el dedo meñique–, eeeeem… son… como si yo me pusiera un uniforme.
–¡Pero estos tienen armas!
–No…
–No es “como si yo me pusiera un uniforme”
–No tienen armas…
–Ah, ¿no?
–No no no th th th th –chasquea la lengua mientras mueve la cabeza negativamente de un lado al otro.
–Ah ah ah–
–Igual no van a empezar con los tiros acá con la gente, ¿no? Pero de todos modos…
–Los policías tampoco –la interrumpo.
–Por eso. Un policía no va a empezar con los tiros acá que hay gente.
–Claro.
–Pero, de todos modos es una “Fuerza Policial” que pone “El Estado” para que vigile los lugares “Públicos” –habla con mucha solemnidad–. Como pertenecen al Gobierno… a la… Ciudad de Buenos Aires que tiene su propio Gobierno, el Estado Nacional “sacó” toda la Policía Federal de “todos” los hospitales y de “todas” las escuelas. Lo que es: “Vaciar todo”. Entonces en algunos lugares empiezan a poner seguridad de a poco.
–Claro.
–La que se podrá pagar, qué sé yo, pero… –levanta la mano muy rápido tirándola para atrás mientras mira la puerta con disgusto.
–Está bien.
–Qué resultado va a tener, no sé.
Dice algo que no comprendo.
–¿Ya tuvieron qué?
–¡Inseguridad privada!
–Ah.
–¡Porque robaban…! –ahora sacude muy rápido la mano al lado de la cara–. Forzaban armarios, todo. ¡De–te–rror! Por eso… y se pidió policía y…
–Qué cosa, ¿no?
–Y ahora pusieron las cosas estas que se enloquecen y empiezan a los gritos… ¡y te taladran el cerebro!
Ella se ríe mientras se toca la frente, da la impresión de que tuviera fiebre.

LAS GANAS
–¿Y por qué estudiaste para ser psicóloga?
–Ya soy psicóloga.
–¿Pero por qué estudiaste eso? ¿No te acordás?
–Mmmmmno sé –levanta los hombros.
–¿Era lo que querías hacer?
–¿Eh?
–¿Era lo que querías hacer? –modulo exageradamente.
–¡Supongo! –vuelve a levantar los hombros.
–¿Supongo? ¿Qué, no sabés?
–Hace muchos años fue…
Nos miramos en silencio.
–¿Y hubieras preferido hacer otra cosa?
–Mmmmmno sé –levanta los hombros.
–¿Y ahora? ¿Pensás que hubieras preferido hacer otra cosa?
–Mmmmmno sé –vuelve a levantar los hombros–. ¡Hay tantas posibilidades! ¡Mientras el cerebro de y el cuerpo aguante! Siempre se pueden hacer cosas.
–Y… ¿hacés otra cosa a parte de ser psicóloga?
–Soy una persona…
–Si…
–…que tiene vida.
–Eso sí, pero digo de actividades, cosas… ¡actividades!
–Cuando tengo ganas hago cosas, cuando no tengo ganas… –dice, y levanta los hombros otra vez–. ¿Y vos?
–Por lo pronto estoy tratando de inventarme las ganas.
–¿Estás tratando de…?
–Inventarme las ganas –respondo, como no dice nada, sigo–, de hacer cosas cuando tenga ganas.
–Mjm –se escucha una puerta que se abre y se cierra–. Pero si las tenés que inventar, no las tenés. Sería bueno que pudieras escucharlas, ¿no?
–Pero es que cuando tengo ganas de algo es justo en un lugar en donde no puedo hacerlo y después, cuando estoy en un lugar en el que podría hacer algo… no lo hago porque no tengo ganas –digo resueltamente y me cruzo de piernas ubicando prolijamente las manos sobre la rodilla.
–Mjm.
–Así van siendo las cosas.
–¿Y ahora qué tenés ganas de hacer?
–¿En este preciso instante? ¿Ahora?
–Mmmmno… en este preciso instante de tu vida.
–Ya te había contado, tenía ganas de hacer algo como… ¿tocar?
–Mjm… ¿y? ¿Te duran las ganas?
–Y… lo que pasa es que… siempre… “todos los días” –digo solemnemente–, hay que hacer tantas cosas para poder estar en el mundo que después no te quedan energías.
–Mjm.
–Para hacer la parte que te gusta.
–¿Y qué cosas son las que te restan energías?
–¿Cómo? –pregunto mientras pienso qué responder.
–¿Qué cosas te quitan energías?
–Y… ver cómo hago para sostenerme económicamente.
–Mjm.
–Para dormir en una cama… para estar calentita… para comer… –hablo exagerando una sonrisa ingenua. Se escuchan los ruidos del pasillo, gente hablando, una puerta que chirrea.
–Eso es lo que te quita la energía para hacer otras cosas, decís.
–Y… ¿sostener eso? ¿Más todo lo que tengo que hacer para que exista eso? Me resta tiempo y energías, tantas que cuando llego a mi casa ya no tengo ganas. Y en el momento en que tengo energías no tengo espacio real porque estoy haciendo todas esas cosas.
–Que en este momento son: trabajar en el bar –me interrumpe.
–Trabajar en el bar, ir haciéndome un lugar ahí… conociendo gente, ver qué puedo hacer… Trabajar con la gente es como desenergizante.
–Mjm.
–Porque en el momento, para que haya una buena disposición de las cosas, uno pone como mucha… mucha energía, para que se dé una buena relación.
–Mjm.
–Aunque sea de dos minutos.
–Sí.
–¡Y eso agota! Escuchar a otro todo el tiempo.
–Mjm.
–Y prestarle atención. Porque hacer que escuchás es fácil, pero escuchar y…
–¿Y porqué tenés que escuchar? ¿Y con tanta atención?
–Y, porque estoy prestando atención a ver qué espacio puedo generar. Y para generar un espacio ahí… dependo mucho de las personas, de quiénes son, qué lugar ocupan, qué hacen…
–¿Los dueños del lugar?
–Los dueños del lugar, los clientes también.
–Ajá –me mira fijo mientras va girando la cabeza muy despacio hacia un lado– ¿y los clientes por qué?
–¡Porque mi lugar de trabajo depende de los clientes!
–Claro, y vos me decías que tenés que estuchar para ver qué podés hacer, ¿no?
–Y sí…
–¿Qué podés generar?
–Mjm.
–Y pensabas en que…
–O qué lugares hay disponibles para que yo pueda estar.
–Mjm.
–Y es difícil.
–Sí, supongo que sí –se cruza de brazos.
–Resta muchas energías. Entonces yo me pregunto, ¿cuánta gente escuchás por día? ¿Cuánta energía ponés acá? ¿Cuántas ganas te quedan de hacer cosas después?
–Mjm.
–¿Qué clase de trabajo hacés?
–Mjm… ¿y qué clase de trabajo es? –me pregunta, recostándose en el respaldo de la silla.
–Eso lo sabés mejor vos que yo.
–No, me estás hablando de que “cuánta gente podés escuchar…”
–No, no. Yo estaba diciendo: “¿Cuánta gente podés escuchar por día?”
–Pero… ¿es distinto o es lo mismo?
–La diferencia es que yo acá –señalo la mesa– tengo una continuidad, tengo la idea de que esto es una terapia y que en esa continuidad voy a ir como trabajando sobre ciertas cosas. En cambio estos cliente –cambio el tono de voz–, si tienen una continuidad es porque se les ocurre… o no. Y no es una terapia, es un…
–Claro, pero vos estabas hablando… comparando “tu” lugar con el mío, no con que vienen los clientes o los pacientes. Ahora, hay que ver cuánta gente podés escuchar vos y qué podés escuchar vos. Y qué te interesa escuchar.
Espero para contestar.
–¿Sinceramente? No tengo ganas de escuchar a nadie.
–¿Mjm?
–A veces es como que me engancho un poco con… lo que dicen, qué sé yo. Es más, me… a veces sí me intereso y por eso es que pierdo tantas energías, porque estoy toda la noche como… no sé –la miro esperando una respuesta.
–¿Cómo…?
–Como toda la noche en una situación de atención. Entonces cuando llego a mi casa lo que menos quiero es concentrarme en algo. Quiero dormir.
–¿Y a vos te parece que te gustaría ser psicóloga?
–No creo. Sería exactamente lo mismo –se escuchan muchos ruidos de afuera–, porque tiene todas las… tiene un horario fijo a donde uno tiene que ir siempre –hablo apretando los dientes–, o sea que es una rutina, y uno está obligado a escuchar a las personas… semanalmente –ahora hablo con aburrimiento–. Y a recordar de qué va todo el asunto de cada persona… ir siguiendo eso –digo, despectivamente–. Es como vivir muchas vidas.
–¿Y por qué te parece que es vivir muchas vidas?
–Y, porque si realmente alguien está prestando atención y se está invo…–me corrijo–, está como… siendo atento con lo que está sucediendo, está prestando su tiempo, su cabeza.
–Mjm.
–Y si encima de eso, vas siguiendo toooda esa situación… en esos ratitos vas viviendo, vas acompañando esa vivencia de la otra persona. Por eso te pregunto porqué estudiaste eso, porqué trabajás de esto. Si te gusta.
–Claro, según vos, “vos”… a mí me pasa determinada cosa.
–¡No, no! –la interrumpo–. Yo no digo “a vos”, yo digo que lo que mí me parece que es, tal vez es otra cosa.
–Claro, de acuerdo. Tu visión… es que a mí me pasaría determinada cosa.
–No. Digo: de acuerdo a mi visión, si “yo” estuviera en ese lugar, me imagino que me pasaría eso. Pero yo no sé lo que te pasa, por eso te pregunto.
–Claro, pero como no se trata de mí…
La miro con cansancio, suspiro.

COMO EL DEPOSITO DE LAS CUESTIONES DEL OTRO

–¿Es muy errada la visión que tengo?
–Mmm… eso es lo que…
–Hablo de… “en general”–la interrumpo.
–Eso es lo que a vos te pasaría siendo una psicóloga… por ahí, por ahí no.
–Pero no hablo de tu caso en particular, hablo de lo general… si es de eso de lo que se trata.
–¿De tener una profesión?
–Tener “esta” profesión.
–¿Y en otra?
–Me imagino que no, no es lo mismo.
–¿Qué otra profesión, por ejemplo, no sería lo mismo?
–Un diseñador web por ejemplo no está… analizando a una persona.
–¿Y eso te gustaría ser?
–No –respondo rápidamente–. Lo dije como un caso que no es así.
–Mjm… Eh… Probablemente mmm… cuando sea una tarea que…–habla midiendo las palabras, lentamente–…involucre personas, hay… un… una “disposición”… de la persona que atiende, sea médico, abogado o… ¿ingeniero? Para el diseñador de páginas web… aparentemente no, pero a lo mejor sí, porque se tiene que involucrar con la persona que quiere que le hagan una página, tiene que escucharla y saber cómo quiere que lo haga, así o así…–mueve las manos como trasladando un paquetito de un lado a otro. Después de repetir el movimiento algunas veces se refriega las manos, se cruza de brazos y suspira–. ¡No lo sé! Nunca… hice una página web. Ni sola ni…
–¿Qué?
–Ni sola ni acompañada. Así que no sé cómo será. Pero… es como si estuvieras diciendo que “de tu parte” te cuesta mucho encontrarte con las personas.
–Sobre todo con las personas que se involucran solo para ser escuchadas –hablo como un robot, como si estuviera leyendo y hubiera un punto detrás de cada palabra–. Que no es una relación… como un “amigo”, una “amiga”… un “novio”, una “novia”, un “padre”, una “madre”, no sé… No es una relación, un vínculo.
–Mjm.
–Es una relación en donde un recibe, es como el depósito de las cuestiones del otro –sigo hablando como un robot.
–Mjm. O sea que vos te convertís en el depósito de las… ¿cuestiones del otro?
–No… pero es como…–se escuchan voces muy fuerte desde afuera–, está claro que…–parecen estar discutiendo–, hay uno que hace de cliente y el otro es quien lo atiende.
–Mjm.
–Uno que hace de… paciente y el otro que lo atiende.
–Mjm.
Hablamos por sobre las voces que se escuchan del otro lado de la puerta. Una mujer parece recitando algo con voz lenta, resaltando las palabras. Ahora escuchamos. Me pregunto porqué nunca decimos nada sobre esto y hacemos como si no estuviese sucediendo.
–Pero…–me habla muy fuerte–, yo me refería más a esto de que vos sentís como “chupada” de energía, ¿no?
–Mh…–digo, con desinterés.
–Pero que “servís”… al cliente… –hace pausas que dejan seguir escuchando las voces de afuera– no solamente una copa, sino tu energía –termina la frase apoyando con fuerza la mano sobre la mesa.
–Sí –suspiro–. Sí, porque… para que exista ese puesto en el que hay una persona que traslada la copa desde la barra hasta la mesa, esa persona tiene que tener una razón de ser, porque sino tranquilamente lo puede hacer el mismo cliente.
–Mjm.
–Entonces la razón de ser que tiene, que evidentemente está funcionando y que hace que yo pueda continuar ahí, es el hecho de involucrarme con esta gente. Y esta gente no necesita de nadie más que como… alguien que le preste atención. No les interesa saber nada de nadie.
–Mjm. –se siguen escuchando las voces de afuera, ahora son como un murmullo–. ¿A quién no le interesa? ¿A los clientes?
–Claro.
–¿Y en general a los clientes les gusta más retirar las cosas de la barra? Porque hay gente que no le gusta ir y tener que servirse tragos, sino…
–No, pero este lugar –la interrumpo– siempre fue así.
–Mjm
–Y en todo caso –hablo con exageración–, si alguna de las chicas hacía ese trabajo era porque ya estaban comprometidos a estar con esa chica o a… no sé, invitarlas con un trago o algo que involucre dinero.
–Mjm… ¿cómo? ¿Invitan un trago a las meseras?
–¡Es que no había meseras!
–Claro, pero decís: “En todo caso” –dibuja un círculo en el aire con las manos–“si había alguna chica…”
–Claro.
–“…estaban comprometidos a invitarlas con un trago”.
–Claro, a gastar plata. O sea, si alguna chica o los escuchaba, o… no sé. En cambio de esta manera yo les alcanzo el trago y no hay… ¿entendés? Es como…–hablo muy bajito.
–No, yo porque… a ver si entiendo.
–Yo no tengo el compromiso de estar con ellos y… pero… o sea… Mi único trabajo sería como alcanzarles… o sea, hacer de mesera.
–¡Sí! –dice, como si le estuviera repitiendo lo mismo que ella venía diciendo hace rato.
–El tema es que se ponen a charlar y… medio como que… tengo que acceder un poco a eso, sobre todo si no hay más gente esperando, porque si no… o sea… no… es como… “no está bien” no hacer nada. No sé, como que todo el tiempo hay que estar prestando servicios, o algo así. Ymmm… por un lado me parece que es bueno porque es una oportunidad como para conocer gente y ver qué otras cosas se pueden hacer, si puedo… no sé, conseguir… ciertos contactos o cosas así. Pero por otro lado es muy desgastante porque de a poco voy viendo que las cosas… ¡eso! Que si alguien dice… no sé, si alguien me presta atención de alguna manera es como nada, como hablarle a una pared. Porque después si vuelvo a ver a esa persona ni se acuerda de que habló con migo, ni de qué habló, ni le interesa.
–Mjm.
Me mira en silencio. Las voces siguen pero más alejadas y tranquilas. Me acomodo en la silla ruidosamente, la miro, me mira.
–O sea que no solo sentís que gastás energías sino que… se va por el caño –dice, con los brazos cruzados, un poco recostada en el respaldo de la silla.
–En el caso de que escuchen, sí.
–Digamos, vos hacés un esfuerzo pero la persona que está del otro lado no te registra. ¿Más o menos así?
–Algo así. Pero igualmente, cuando hay una… una persona un poco más…–vuelvo a acomodarme en la silla–. Si te registran también es como un cambio de algo, es como que siempre tiene que haber… no sé, como si las relaciones se trataran de un intercambio y…
–Claro, es que hay un intercambio –me interrumpe– ¿pero de qué?
–Pero… que una relación exista porque existe ese… O sea, que uno tenga que estar obligado a hacer un intercambio es como que arruina toda la relación. No sé, es como que una “obligación” ya hace que las cosas no se den porque uno quiere darlas, sino porque está obligado, entonces es como que…–voy bajando la voz hasta que no se me escucha.

TRABAJO IMPERSONAL
–Y si te resulta tan insatisfactorio este trabajo, ¿pensás en alguna otra cosa?
–No, yo estoy acá hablando de la parte que me resulta insatisfactoria, pero en realidad siento que es como una puerta a lo que querría… no sé.
–Mjm.
–Porque también la paso bien, estoy ahí… tomo algo, me río.
–¿Mjm? Claro, pero eso sería como lo circunstancial, ¿no? Lo que suena como lo esencial sería lo pesado.
–Lo que pasa es que… a esta altura voy dándome cuenta de que lo esencial y pesado está en todos lados. O sea que si me voy de ahí voy a ir a otro lado en donde también… en todos lados me pasa que… –dejo de hablar y la miro con cansancio.
–¿Te pasa…?
No respondo.
–¿Te pasa qué… dijiste?
–Que no encuentro un vínculo con nada.
–Mjm.
–Que esté… que sea placentero. Porque… no sé, siempre hay un interés, siempre, siempre…
–Un interés mutuo.
–Siempre se espera algo… de mí, por ejemplo, o de otros… o yo de los otros. Siempre hay como una cosa así de: “Estoy esperando tal cosa”.
–Mjm.
–Siempre está esa cosa como de la obligación, la reciprocidad…–suspiro. La miro con insistencia esperando que hable.
–No… me quedé pensando, vos decís: “Siempre existe la necesidad y la reciprocidad” –no respondo–. ¿No? Y… por ahí lo que tendrías que tratar de pensar es alguna cosa donde… en dónde no tuvieras que involucrarte para ser recíproca. Vos podrías ir, hacer tu trabajo y chau.
–Mi trabajo anterior era así.
–Claro, pero vos te quejabas de que te exigían una relación con respecto a tus compañeras, a tus patrones, etcétera.
–Pero un trabajo en donde uno va y se transforma en una máquina es… ¡horroroso!
–Y que también a los clientes les tenías que poner una cara simpática…
–Y, ¿pero entonces? O sea, la sugerencia sería ir a trabajar a una fábrica y pegar estampitas. Tres cuatro veinte horas…
–¡No es una sugerencia!, es que vos pienses qué podrías hacer que no te sientas así como tan demandada… emmm… anímicamente, espiritualmente, psíquicamente… el nombre que le quieras dar.
–Pero por ejemplo, si yo me buscara un trabajo en donde las cosas sean más… mecánicas, ¿cuánto tiempo…?
–¡No sé si mecánicas! –me interrumpe–. Más impersonales.
–¿Cuánto tiempo puedo durar en eso…?
–No sé –se encoje de hombros.
–¿…sin morirme de angustia?. De hecho fíjate que son los trabajos que más se ofrecen y donde menos…
–¿Por ejemplo? –me interrumpe– ¿qué trabajos ofrecen que sean así, impersonales?
–Y… por ejemplo… trabajos de encuestas.
–Ah.
–Vas y blablablá blablablá… llenás casilleros.
–¡Cómo se ve que uno no lo hace a ese trabajo! ¿No?
–¡Nadie lo quiere hacer! ¿Por qué creés que se ofrece tanto?
–¿Cómo se ofrece tanto?n
–Sí… por ejemplo…
–¡Hay un montón de gente que trabaja de ese trabajo y hay que golpearse para que la gente te siga contestando!
–¡Horrible! Peor… o telemarketer, que lo único que hacés es poner play y blablablablabla… tirarle todo el choclo a la persona a ver si…
–No, no… yo no te dije: “Mirá, tal trabajo es lindo”. Dije: “Tratá de pensar…” A ver, dentro de las posibilidades de los trabajos que se te ocurran, porque si vos… seguramente que habrá muchísimos más… emm… podrías hacer sin sentirte involucrada emocionalmente… ¡que te gustaría hacer otro laburo, por ejemplo!
–¿Por ejemplo, cuál? ¿Cuál sería…?
–No, no… yo estoy diciendo que “vos” pienses –me interrumpe.
–…porque yo no lo conozco
–Yo tampoco. Porque además, “vos” sos la que sabe –acentúa la palabra mientras me señala con un dedo.
–Yo qué sé.
–Qué la involucra emocionalmente y qué no.
–No sé si hay algo que me invol… O sea, si existe algo… por ejemplo, ponele que mi trabajo sea ir a darle de comer a los pececitos del parque japonés.
–Mh.
–Estoy con los pececitos, les llevo la comidita y qué lindo, qué lindo. Pero después me tengo que relacionar con la gente del parte para ir, para venir, para cobrar, para que me digan cuánto les doy, cuándo les doy… finalmente siempre te involucás con alguien.
–Mjm… o sea que no hay salida –se da una palmada en la rodilla.
–¡Y no! ¡Las personas existen y uno se tiene que involucrar!
–Mjm.
–No sé… ¿cómo hacés para no involucrarte? ¿Te encerrás en un departamento? Pero para eso tenés que… ¿quién paga el departamento?
Otra vez las voces de afuera. Ella hace “mjm” en un momento como queriendo atraer la atención a lo que está pasando pero no hablamos. Me mira con impaciencia, respira hondo.
–Bueno, o sea que no se te ocurre ninguno, por lo menos ahora.
–Y no, todavía no existe que tu jefe sea una computadora, por ejemplo. A no ser que juegue a la quiniela, la que la gane y que no tenga que volver a involucrarme con nadie.
–Mjm.
–Solo cuando yo quiero.
–Mjm.
–Y no obligadamente, todos los días, tantas horas.
No responde. La miro y espero, pasamos un tiempo sin hablar escuchando los ruidos de afuera.

DETRAS DE TODAS LAS COSAS
–Yo me imaginaba que si yo toco la guitarra, y canto y hago lo que me gusta, y si me pagan por eso, iba a ser un poco más agradable. Pero es bastante difícil.
–Pero ahí te propusieron tocar –termina la frase con un gesto de interrogación.
–Y no… medio como que les… se supone que lo estamos armando, el tema es que no lo hago. Porque cuando llego a mi casa no tengo ganas de ponerme a practicar o armar algo para ir a cantar.
–No, me imagino que cuando salís no… para trabajar en eso tenés que estar más descansada.
–¡Por eso! Después a la mañana me levanto y salgo corriendo. A la mañana… ¡a la tarde! Entonces al final se hace como de vuelta lo mismo, toda una rueda en la que se supone que yo puedo hacer lo que quiero pero… ¡la rueda es tan voraz que me termina comiendo y yo no hago lo que quiero! –hablo con cierta desesperación–. Y sigo ahí con la promesa de que algún día voy a hacer lo que quiero.
–¿Qué…? –me pregunta después de un rato–. ¿Con la promesa de qué…?
–De algún día poder hacer lo que quiero ahí.
–Mjm.
–Pero “algún día”.
–Mjm. Y ahora tenés que trabajar para eso. Y eso tampoco te entusiasma.
–Y… sí… de hecho por eso sigo ahí. Y trato, pero pasan los días y… me está costando bastante. Porque si yo hubiera tenido cosas ya listas llego y tal vez ya me pongo a tocar, pero como no las tengo listas y las tengo que armar, cuando las quiero armar no tengo energías.
–Ajá.
–Y se me va haciendo como cada vez más largo. Trato como de sacar energías a algo que no…–voy hablando cada vez más bajo hasta que no se me escucha.
–Como que tu reservorio de energías en este momento está muy limitado.
–Sí.
–¿Y en algún momento te sentiste con más energía?
–Y… por ejemplo este verano que sentí que no quería seguir en ese trabajo y que conocí a esta gente y qué se yo, me pareció como que…
–Y trabajar allá no da –termina la frase con un gesto de interrogación.
–¡Es lo mismo que acá!
–Claro, pero allá te sentías mucho mejor, ¿no?
–Pero porque… ¡acá también cuando empecé me sentía…! Bueno, el tema es que cuando se te empieza a armar una rutina, empiezan a haber códigos en donde se empieza a entender que las cosas no son de onda, que “bueno, si vos hacés esto a cambio tenés esto”… empieza a haber como toda otra cosa. O sea, se empieza a profundizar en ese tipo de relación. Es lo que pasa con todas las relaciones, cuando empezás a profundizar en una relación empezás a ver lo mezquino que es relacionarse, en donde tiene que haber un intercambio sí o sí, en donde se empieza a negociar, en donde…
–Mjm.
–Y si querés ser amable y… y… no interesado y… dar cosas… ¡se aprovechan! Entonces tenés que empezar como a recortar las cosas para que al otro le quede claro que: “Che, bueno, no… la onda no es que yo te doy todo el tiempo” –digo con voz nasal–. “¡Si no me vacío! Y necesito…”. ¡Y ahí es donde también empieza eso!
–Claro, pero…–me interrumpe–. Digamos, el hecho de que te den un lugar, claramente te están dando algo.
–Sí, pero no me lo dan de onda, porque yo tengo que ir a trabajar, tengo que ir a… no sé.
–Claro, pero vos, por lo que decías recién, era como que eran ellos los que te estaban pidiendo demasiado, y vos tenías que…
–¡No! –la interrumpo–. ¡Hablo de la realidad! ¡De las relaciones en general! Como… todos los intercambios son así como… En un punto empieza a ser como… no sé, en cualquier relación o cualquier vínculo con algo nuevo es como que: “¡Ay, pero qué sorprendente!”, entonces es como más bonito y… Pero “eso” en seguida es como que se desinfla, es como un idilio que no dura para siempre, porque uno no es…
–No dura nada, por lo que decís.
–Mmmm no… puede durar –ella carraspea la garganta y mueve la cabeza como una tortuga–, pero no se puede vivir ahí porque es una nube de pedos. A parte hay que… no sé, no se puede vivir ahí.
–Mjm.
–Yo podría hacer que vivo ahí, pero no funciona tampoco.
–Ajá.
–Porque la realidad va pasando por otro lado. Yo “hago” como que no. Y no tiene mucho sentido.
–¿Y por dónde pasa?
–Por estos intercambios en donde se generan cosas.
–Cosas, por lo que veo, siempre desagradables.
–No, no son siempre desagradables. Me parece desagradable, o muy básico, el mecanismo. Como: “¡Otra vez! ¡Lo mismo!” –digo con hartazgo–, en donde se están midiendo las cosas, yo te doy todo esto a cambio de todo esto…
Se cae algo que hace mucho ruido y me interrumpe, nos miramos un segundo y hacemos como que no pasó nada.
–¿Y eso no hace que las cosas sean más previsibles?
–Y… eso es un aburrimiento.
–Ajá.
–Como que yo ya sé que le voy a decir tal cosa y que va a hacer así o va a hacer así, y entonces depende de cómo haga va a ser la parte que viene después, y así es como que se “arma un código” –recalco las palabras–, que hace que todos convivamos en “armonía” pero en el aburrimiento también, porque ya más o menos sabés cómo es.
–¿Y cómo sería la manera ideal? Que vos decís que es inalcanzable pero que sería ideal.
Suspiro, miro el techo y vuelvo rápidamente a nuestro hábitat sobre el escritorio.
–¿Ideal?
–Mjm –afirma con una sonrisa–. Lo que te gustaría, lo que vos pensás que sería…
–Y… lo ideal sería que nadie esté obligado a hacer nada. Entonces cada uno haría lo que siente que quiere hacer, entonces las cosas serían más… sinceras –mi voz es muy finita.
–Mjm.
–Pero es como que todos tienen que cubrir ciertas cosas, por lo menos ciertas necesidades, y eso hace que estén obligados a generar ciertos intercambios que genere algo que cubra esas necesidades. Y así se arma toda una cosa en donde al final las relaciones terminan siendo por interés.
–Por interés.
–Sí, pero “interés” no es solamente: “Yo me relaciono con vos porque quiero que me pagues con tal cosa”. No es eso.
–Mh.
–Interés es… ¡todo! Todo… o sea, “Yo te quiero porque quiero que me quieras” o “Soy amable con vos porque quiero que seas amable con migo”.
–¿Y el otro sentido de la palabra interés?
–¿Cuál es el otro sentido de la palabra interés?
–Cuando algo te “interesa” –levanta las cejas.
–¿Porque te gusta?
–¡Mjm! Por ejemplo, tocar la guitarra, para vos.
–Bueno, por ejemplo algo me gusta y me interesa porque hace que me olvide un poco de las otras cosas que no me gustan tanto. Entonces tengo un interés –me doy una palmada en la pierna–, o sea, quiero hacer eso para ver si puedo sentirme mejor o desconectarme de todo esto que no me gusta.
–Y es lo que más te cuesta, ¿no?
–Es que finalmente termina respondiendo también a la palabra “interés”, donde “bueno, yo pongo mis energías ahí a cambio de que eso me haga sentir bien” –arrastro un poco la voz, hay mucho ruido del otro lado de la puerta.
–Pero ya no estamos hablando de una relación humana, ¿no? Sino de tu relación entre vos y tu guitarra.
–¡Pero no sucede!
–¿Qué es lo que no sucede?
–Llego a mi casa y no me pongo a tocar la guitarra.
–O sea que no es de tanto interés tampoco.
–Sí… pero estoy como trabajan… Es que… mi interés sería: hacer algo que me guste para poder vivir en el mundo. Vivir en el mundo es cubrir ciertas necesidades.
–Mjm.
–Básicas. Entonces me imagino que es eso, pero siento que todos estos años de vida desarrollé como una manera de hacer las cosas –hablo muy lento, con pausas–, que me imagino que es una manera más madura pero no es más… agradable.
–Es una manera más madura ¿pero?
–No es más agradable.
–Ajá –me mira seria un momento inclinando la cabeza para un lado–, ¿y porqué es más madura?
–A ver, ¿cómo puedo hacer algo que me guste aparte me sirva para vivir, así no tengo que hacer todo el resto? Entonces estoy como tratando de sacarle provecho a algo que se supone que hago solo porque me gusta. Entonces eso hace que pierda el interés en eso.
–Mjm. O sea que…
–Porque finalmente terminaría trabajando una vez más, haciendo algo que se supone que me gusta.
–¿Cómo “se supone”? ¿Se supone o te gusta?
–Y sí… porque ¡qué sé yo! Una cosa es agarrar un rato la guitarra porque tenés ganas un día, y otra cosa es “todos los días voy, toco, hago tal…” eso ya es un trabajo. O sea, tengo que ir a tocar aunque no tenga ganas, tengo que… ¡entonces es lo mismo! Qué sé yo, yo iba a este lugar y me encantaba, todas las noches iba y qué lindo, qué lindo. Pero cuando empezó a transformarse en una obligación y empecé a medir las cosas como para que funcione, para poder tener un lugar, para qué sé yo… al final terminé teniendo la obligación de ir.
–Mjm –mueve la cabeza afirmativamente con una sonrisa–. Y sí, para que te paguen tenés que ir.
–Y bueno, ahí es ya como que deja de interesarme y empiezo como a…–hago un gesto de hartazgo y me desplomo sobre la silla–, y me empiezo como a “interesar” desde otro lugar y ya…
Ella espera antes de hablar, a cada mínimo movimiento que hago asiente con la cabeza o levanta las cejas, pero finalmente no digo nada.
–Bueno Clara, tratá por el momento de ver si, cuando empezás a tocar, realmente te hace feliz, ¿no? Lo cual te exige primero el camino de…–levanta los hombros y las cejas a la vez–, tener algo que tocar.
–¿Y de dónde saco las energías para…? –me interrumpe el sonido de un mensaje en el teléfono. Miro la cartera cerrada y vuelvo a mirarla. Lo dejo pasar.
–Mirá, yo te pregunté si vos siempre te habías sentido así, y me dijiste que no, que en las vacaciones no, aunque las vacaciones son un momento muy particular… para ver si vos…
–O por ejemplo cuando dejé de estar en el local –la interrumpo– y empecé a ir a este lugar, también me sentí como “bien”, porque sentía que estaba dejando de hacer algo que no me gustaba y empezaba a hacer algo que me gustaba.
–No, no… yo entiendo y te digo esto: te pregunté para ver si realmente no jodía alguna parte física. Por ejemplo, eh… trabajar tantas horas y alimentarte mal, que estés anémica. Porque eso es una cosa que ¡quita la energía de una manera tan impresionante…!
–¿Qué cosa? ¿Estar anémico?
–¡Claro, sí! Entonces… bueno, tener que hacerte un control de… que te vea un médico y que veas la parte física. Porque si no le ponemos todo a lo psíquico cuando a lo mejor hay una base que es que ya no das más –hace gestos con las manos–. Físicamente, ¿no?
–Mh.
–Por eso te preguntaba, a ver si… Es como que el aliento te dura poco, y no sé si puede tener que ver con algo físico o no.
–Ajá.
–Bueno, por hoy dejamos –dice rápidamente y se levanta.
–Bueno –respondo sorprendida.
Antes de que me levante ella ya está abriendo la puerta. Me mira con una sonrisa con la mano en el picaporte. Nos damos un beso en la mejilla.
–Chau Clara, hasta el jueves.
–Hasta el jueves… ¿dejo abierto?
–Sí, sí –dice mirándome a mí y al picaporte que tiene en la mano intercaladamente. Afuera del consultorio hay mucha más gente que de costumbre.